1987: Nueve niños muertos para lograr la negociación

«Las muertes que se produjeron fue porque no se produjo el desalojo». La frase, pronunciada por Domingo Troitiño Arranz, uno de los autores del atentado de Hipercor, que costó la vida a 21 personas, demuestra la prepotencia de ETA en 1987. El esquema de los terroristas, por simple era canallesco.: «Yo pongo la bomba, llamo por teléfono, consigo el desalojo de unos grandes almacenes, con la lógica alarma social y después se produce la explosión: objetivo cumplido». El autor de la frase que encabeza este artículo salió en libertad, al igual que otra de las integrantes del «comando Barcelona», al beneficiarse de la derogación de la «Doctrina Parot». Al tercer etarra, Rafael Caride, que forma parte del grupo de «arrepentidos», le queda un año de prisión, ya que fue detenido en Francia en 1993.

Hipercor marca un antes y un después dentro de ETA. De puertas afuera, en un gran montaje escénico, en la que, hasta los más recalcitrantes tuvieron que decir que no habían medido las consecuencias de acciones terroristas de este tipo, que lejos de beneficiarles en su lucha por la «liberación del pueblo vasco», les perjudicaban de forma absoluta.

El lema de ETA, «Bietan Jarrai» (adelante con las dos, el hacha y la serpiente) encierra la estrategia que seguía la banda ,que mezclaba la sangre de las víctimas con la astucia para lograr sus fines.

Al frente de los «comandos» estaba un siniestro sujeto llamado Santiago Arróspide, alias «Santi Potros», que le había trasmitido a Rafael Caride, un individuo de pocas luces, que había que atentar contra Hipercor porque la empresa era de capital francés. Su información era absolutamente inexacta pero tenía que justificar un atentado con el que trataba de dar un «salto cualitativo” dentro de los planes para presentar a una ETA cada vez más fuerte. Unos meses más tarde, los culminarían con el coche bomba contra la Guardia Civil de Zaragoza.

Si algo caracteriza a los terroristas es la transferencia de responsabilidades. Con Hpercor, trataron,– perdón por la expresión– de «quitarse los muertos de encima», niños incluidos, aunque sin hacer referencia expresa a ellos (un dato a tener en cuenta). Pero en Zaragoza, ni se molestaron. Los menores vivían en un cuartel y por lo tanto eran tan culpables como sus padres, miembros del Cuerpo.

De esta manera, 1987 marca la señal de partida de que la muerte de niños, lejos de ser una preocupación para ETA, se convierte en un factor a tener en cuenta, por el impacto que causa en la opinión pública que, de esta manera, presionaría al Gobierno para que negociara con ellos. Porque, no lo olvidemos, detrás de todo estaban las conversaciones del Gobierno socialista con los pistoleros.

Troitiño explicó el atentado a la Policía, una vez detenido, con toda la frialdad de que era capaz: «Caride me comentó que los almacenes Hipercor eran una sociedad con capital francés por lo que decidimos atentar contra ellos. Para esta acción preparamos en el piso de Castelldefels (uno de los que disponían en Barcelona) una olla con veintisiete kilos de amonal y varios recipientes con una mezcla incendiaria compuesta de gasolina, cola de contacto y escamas de jabón hasta un total de doscientos litros. Una vez preparado, lo introdujimos en el Ford Sierra que teníamos aparcado debajo del piso. Yo conduje el coche hasta la entrada del aparcamiento de Hipercor y, una vez allí, se hizo cargo Rafael quien lo aparcó en la primera planta del aparcamiento. El disposi tivo conectado al explosivo consistía en un reloj temporizador de venticuatro horas que estaba preparado para hacer explosión a las dieciséis horas, si bien la explosión se retrasó ocho minutos. Una vez colocado el vehículo hice, desde tres cabinas telefónicas distintas y cercanas todas ellas al Mercado de San Antonio, otras tantas llamadas a la Central de Hipercor, a la Policía Municipal y a la Redacción del Diario “Avui”, en las que advertía de la colocación de un artefacto explosivo que estallaría entre las 15:35 y las 15:45. Las llamadas las hice pensando en el desalojo de los almacenes. Las muertes que se produjeron fueron debidas a no efectuarse el desalojo».

Por lo visto, los culpables eran los que no habían desalojado el edificio y no los que habían colocado la bomba. Se dice que por la boca muere el pez. ¿Si no querían causar muertes, a qué viene lo de la gasolina y las escamas de jabón, que producen un efecto similar al napalm?.

Cuando en noviembre de 2013 Domingo Troitiño, gracias a la decisión de un tribunal europeo, abandonaba la prisión de Teixeiro (A Coruña), después de que la Audiencia Nacional acordase su excarcelación por la no aplicación de la «Doctrina Parot», podía haber aprovechado la ocasión para dedicar unas palabras a aquellas víctimas «involuntarias», si es que realmente eran involuntarias. No tuvo tiempo. Lo mismo le ocurrió a la etarra Josefa Ernaga, condenada a penas que, como Troitiño, sumaban casi 1.000 años. Salió de la prisión de Jaen. 1987, año de niños asesinados por ETA. Estos son sus nombres: Sonia Cabrerizo Mármol, 15 años; Susana Cabrerizo Mármol, 13 años; Silvia Vicente Manzanares, 13 años; Jorge Vicente Manzanares, de 9 años (Hipercor); Silvia Pino Fernández, 7 años. Silvia Ballarín Gay, 6 años. Rocío Capilla Franco, 12 años; Pedro Alcaraz Martos, 16 años; Esther Barrera Alcaraz, 3 años; y Miriam Barrera Alcaraz, 3 años (Zaragoza). En terrorismo no hay casualidades. Recuerden que el Gobierno terminó sentándose con ETA en Argel por aquellas fechas.

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