Ayuso y Martínez-Almeida dos "pablistas" para frenar a Vox

Pablo Casado iba a ser hace un año, todo lo indicaba así, el candidato al Ayuntamiento de Madrid. Esta noche, como presidente nacional del partido, anunció su decisión de que esa candidatura la represente José Luis Martínez-Almeida, portavoz del partido en el consistorio regional; mientras que por la Comunidad la candidata será Isabel Díaz Ayuso, portavoz en Madrid y secretaria de Comunicación del PP. Después de tanto deshojar la margarita, para desvelo y tensión de la organización madrileña, Casado no arriesga ni atiende el reclamo de quienes sostenían que la importancia del feudo de Madrid obligaba a buscar un golpe de efecto, que, al mismo tiempo, insuflase confianza en unas filas no demasiado optimistas sobre los resultados que pueden conseguir en los próximos comicios. El líder nacional ha elegido a dos personas de su confianza para disputar la difícil batalla electoral madrileña. A dos representantes de su generación, pero curtidos en la vida del partido en Madrid, y, además, con un perfil dirigido a medirse con el duro discurso que hará Vox en las elecciones autonómicas y municipales. En el caso del Ayuntamiento, Martínez-Almeida tiene enfrente una competencia bastante complicada en la figura de Begoña Villacís, por Ciudadanos, y a quien en el PP reconocen como una rival “difícil”.

En el camino se han quedado nombres como el de Manuel Pizarro, al que Casado sí llegó a tantear en serio como candidato al Ayuntamiento, pero quien desde un primer momento rechazó la propuesta. Economista, jurista, probó la política como “número dos” de la lista de Mariano Rajoy a las generales de 2008. También estuvieron en las “quinielas” otros nombres como el de Adolfo Suárez Illana, mano derecha de Casado en esta nueva etapa política, o incluso el del vicesecretario de Organización, Javier Maroto. También se postuló el alcalde de Boadilla, Antonio González Terol.

Casado ha llevado con absoluto hermetismo el proceso de descarte, en el que ha habido intentos fallidos antes de llegar a la decisión oficializada ayer por la tarde noche. En esto sí, al más puro estilo “marianista”. A las ocho citó en Génova al presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, y a Martínez-Almeida, para comunicarles su decisión. Ayuso estaba ya al tanto, hace días que Génova puso en marcha una campaña de lanzamiento mediático de ella que, de inmediato, levantó las primeras sospechas. “Parece que quieren que nazca una estrella”, se comentaba en las filas populares.

Madrid es una batalla clave para el PP por su simbolismo a nivel nacional y porque hasta las últimas elecciones formaba parte de los feudos más representativos de su “poderío” territorial. Mayorías absolutas y guerras internas mal resueltas, que, junto con el lastre de los casos de corrupción de los últimos años, han dejado una organización regional que es un campo minado. El “aguirrismo” todavía tiene su peso interno, que se ha hecho más fuerte tras las crisis que se llevó por delante el liderazgo de Cristina Cifuentes. En Madrid el PP tiene que combatir el coste de la división; el desgaste por el ejercicio del poder y los escándalos que afectaron a la plana mayor del Gobierno de Aguirre; la competición con Ciudadanos; y ahora, también, con Vox. El partido de Santiago Abascal jugará fuerte para coger poder en un terreno donde el PP tiene un voto muy conservador, y el ex miembro del PP vasco, hoy líder de Vox, lo sabe perfectamente.

Casado conoce muy bien la organización madrileña y en su decisión ha tenido en cuenta el interés electoral del PP, pero también que es un partido roto por los terremotos que ha tenido que ir superando, sin procesos de reconstrucción entre ellos y con “muertos” y “heridos” que han caído en el camino. La guerra de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre; luego la etapa de Aguirre y, en paralelo, el “nachismo”, como se refieren dentro del partido al control de Ignacio González. Y todavía estaba por llegar el “cifuentismo”, con Cristina Cifuentes dedicada a intentar “asesinar” a todo lo que quedaba del “aguirrismo” y del “nachismo”, describen en el PP. “Han sobrevivido sólo aquellos que siempre han sido capaces de hacer creer que estaban con el que mandaba, y entre ellos están figuras que hoy se han colocado en el entorno de Pablo”, explican desde dentro. Si Cifuentes se inventó aquello del “nuevo PP”, lo que vino con la gestora en la que se refugió Rajoy para surfear la caída de Cifuentes fue otro “nuevo PP”. Y en paralelo Garrido, presidente “por accidente”, y con su cuota de responsabilidad en la división interna. Todavía echan humo las cenizas de la batalla en las primarias por la sucesión de Rajoy. La organización madrileña votó por Casado, y está con Casado, un elemento a su favor, pero Garrido se empeñó en forzar el apoyo a María Dolores de Cospedal, con tantas presiones que obligaron a que incluso diputados “vigilaran” en las sedes para que no hubiera pucherazos a favor de la entonces secretaria general. Y cuando ésta perdió, Garrido intentó entonces llevar al PP de Madrid a echarse en brazos de Soraya Sáenz de Santamaría. Casado tiene al PP de Madrid de su lado, y con esta decisión electoral afianza su capacidad de control sobre una organización clave desde el punto de vista del poder territorial orgánico.

Source: NGT

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