Carles Puigdemont: «Mi vida corre peligro y no lo digo porque sí»

Carles Puigdemont se marchó a Bélgica para evitar su arresto sin avisar ni a los consejeros de su partido ni al vicepresidente Oriol Junqueras ni a casi nadie de su equipo [personalmente, sólo a Marta Rovira y a «un colaborador»]. «Me recomiendan avanzar la salida porque el 30 me pueden detener. Para mí quedarme no es una alternativa, porque desde la cárcel no puedo luchar». Ya en suelo belga, se aloja en Waterloo por dos razones: porque «los alquileres son baratos»; y sobre todo por «seguridad». En «La crisi catalana» (editorial La Campana), el ex president se muestra obsesionado con los «servicios secretos españoles» y con el temor de sufrir un ataque violento «del Estado», emparentando el conflicto catalán con el terrorismo y los GAL. «Vivimos permanentemente bajo la amenaza de los servicios secretos españoles. Hemos denunciado a la Policía belga que alguien ha puesto localizadores de GPS bajo la carrocería de nuestros coches. Podrían también poner un explosivo. ¿Hay que recordar que España llevó a cabo una guerra sucia contra la ETA vasca? ¿Que los líderes catalanes llevan en prisión preventiva más de un año? Yo necesito protección siempre». A nivel político, el libro se presenta como un recorrido por la vida del ex presidente, desde su viaje a Eslovenia en 1991 para satisfacer su «convicción» independentista hasta su día a día en Waterloo, donde piensa vivir mucho tiempo «si en España persiste la amenaza de un encarcelamiento largo».

ORÍGENES CATALANISTAS

«Para mí la independencia es una cosa natural. Soy catalán porque me siento catalán. (…) Cuando nací mis padres no pudieron inscribirme en el registro civil con el nombre que ellos querían, Carles. Oficialmente me tuvieron que poner Carlos, en castellano». Puigdemont se describe en el libro como un independentista de nacimiento, alguien con una «pulsión anarquista» en su interior «como consecuencia de estos 300 años sin tener la posibilidad de gobernarnos a nosotros mismos». También admite que se afilió a Convergència en 1983, «un partido no independentista» porque necesitaba «tiempo para convencer a los catalanes de la utilidad de la independencia».

1-O

Contraramiente a lo que pueda parecer, el ex president no se explaya demasiado en explicar la organización del 1-O. Sin apenas mencionar la suspensión del Tribunal Constitucional, Puigdemont se limita a ensalzar la labor de «la cadena de voluntarios anónimos movilizados para la ocasión» y a cargar contra la «violenta y dura represión policial y judicial». «Hicimos posible la organización del referéndum en unas condiciones muy adversas: la presencia de la policía española en nuestras calles, un sitio administrativo y económico constante sobre nuestro gobierno, el miedo que se nos intentaba inocular…». Eso sí, asegura que actuó «en el marco de los derechos fundamentales de Europa».

ANTES DEL 27 DE OCTUBRE

Una de las revelaciones más sorprendentes de Puigdemont en el libro es el intento de mediación de un «empresario catalán, unionista pero con buenos contactos en los dos bandos». No revela su identidad, pero explica que «recibe un mensaje de texto de un ministro español», que dice que «podría interceder ante su ‘jefe’, es decir, el presidente Mariano Rajoy», si Puigdemont está dispuesto a hablar. «Yo le respondo directamente que sí, que estoy dispuesto a hacerlo. Cinco o diez minutos después, el empresario recibe otro mensaje del mismo ministro diciendo que el jefe no quiere hablar, que esto ya ha ido demasiado lejos», explica. El ex president también se refiere a Rajoy en varias ocasiones y asegura que la última vez que hablaron fue para los atentados de Barcelona. Parodia sus palabras y dice que es famoso por «sus frases taxativas, absurdas e incomprensibles».

FUGA

Puigdemont tampoco se detiene demasiado en la declaración unilateral de independencia proclamada por el Parlament el 27 de octubre. Sí confiesa que su primera opción era convocar elecciones, aunque obvia la presión de su propio partido, de Esquerra y de los manifestantes que le gritaron «traidor», para que siguiera adelante. De su marcha sólo revela que la consensuó personalmente con Marta Rovira, la secretaria general de ERC, quien acababa de hablar con miembros de su Gobierno «en el exilio». Junqueras ni aparece en el relato. «No queremos huir; queremos continuar trabajando pero en un espacio libre donde se pueda hacer política». También desmiente que se escondiera en el maletero del coche de su mujer ni que cogiera un avión hasta Marsella.

SEGURIDAD

«Los catalanes no exageramos cuando recordamos que en el pasado [el Estado] ya llevó la guerra sucia contra ETA con los GAL. ¿Qué en ese caso se trataba de una organización criminal? ¿Pero es que a nosotros también nos consideran terroristas!», asegura apenas unas líneas antes de insistir con el tema de su seguridad y el temor a sufrir un ataque del Estado. «Estoy convencido de ser un objetivo». (…) Si colocaron una baliza [de GPS] debajo de mi coche, un día también me pueden poner un explosivo». En otro momento, con motivo de su encarcelamiento en Alemania, dice «estar mentalizado» de estar «en guerra contra España».

PRISIÓN DE NEUMÜNSTER

«El ambiente es muy amistoso, la acogida genial» (…) «Incluso firmo autógrafos porque la mayoría de ellos sigue mis aventuras por televisión», dice tras reconocer la ansiedad de los primeros momentos al hablar con su familia. Eso sí, Puigdemont asegura que su puesta en libertad es celebrada en Cataluña como si el Barcelona hubiera ganado una Champions.

CONDICIONES REFERÉNDUM PACTADO

Otra de las sorpresa del libro: Puigdemont abre la puerta a que se oudiera celebrar un referéndum de independencia de Cataluña en toda España. «Nuestra propuesta no es un referéndum sobre la independencia de Cataluña en el conjunto de España, pero si es la única forma de que el Estado respete el derecho a la autodeterminación, lo tendremos que estudiar». También invita a «a los dirigentes que hay en Madrid» a que propongan «una alternativa» y habla incluso de la «fórmula Montenegro»: «En todas las conversaciones que hemos tenido con el Gobierno español siempre hemos hecho referencia al modelo de Montenegro, donde se acordó por adelantado que era necesaria una participación mínima (más del 50%) y un apoyo mínimo a la opción de independencia (55%)».

FUTURO

«No aspiro a tener ningún papel en el futuro. Lo que quiero es volver a mi normalidad tan pronto como sea posible y recuperar el máximo de libertad posible».

Source: NGT

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