Cayetana García: La gran historia de amor que el toreo unió

Ajena en todo momento a la vida pública, oculta y en segundo plano. Siempre cobijada a la sombra de su marido hasta el aciago desenlace. Y hoy así quiere seguir estando. Fuera. Recogida. Cayetana García Barona es la viuda de un torero, el último caído en las astas de los toros, en el ruedo; el último héroe vestido de luces que ha pagado con su vida la crudeza del toreo, la verdad que esconde la tauromaquia pero que tan presente está cada tarde que se hace el paseíllo.

Eran las siete y media del sábado pasado cuando, en la pequeña localidad francesa de Aire Sur L’Adour, un toro del hierro de Baltasar Ibán corneaba mortalmente al torero español Iván Fandiño. «Provechito», que así se llamaba el toro, acabó con la vida del joven diestro de 36 años, de cuajo, sin fisuras. Los relojes de la afición, que en vilo vivió el estado del matador, se pararon en seco a las nueve y cuarto cuando se certificó su defunción. El mundo del toro rugió de dolor al conocer la infausta noticia. Desgarradora para una familia que se rompió por momentos en mil pedazos imposibles casi de recomponer. Cayetana, que en ese momento se encontraba en Fuentelencina, un municipio de 300 habitantes situado en la provincia de Guadalajara, donde residía desde 2014 con su marido, partió rumbo a la ciudad gala nada más conocer la noticia junto a un vecino amigo del torero. Un viaje que debió ser interminable, un auténtico calvario en plena penitencia, en busca de una realidad irreal. Lo mismo hicieron los padres del diestro de Orduña (Vizcaya), Paco y Txaro, e Itziar, su hermana.

Reina de Riobamba

García, que vive en España desde 2014, tiene 33 años y es de nacionalidad ecuatoriana, concretamente de la ciudad de Riobamba, donde fue elegida «reina» en 2004. Su afición por la tauromaquia le viene de cuna, desde que nació en el seno de una familia dedicada al mundo del toro, pues su padre, Luis Fernando García, es dueño de una ganadería de bravo llamada Campo Pequeño. La procedencia de las reses que cría en su tierra natal son de «Baltasar Ibán», el mismo encaste con el que su Iván perdió la vida hace justamente una semana.

La historia de amor entre Cayetana y Fandiño comenzó a principios de 2014, cuando el matador viajó a Riobamba para torear. Se encontraba entonces en su momento dorado en la profesión, toreando aproximadamente un total de 65 festejos tanto en Europa como en América, y cosechando grandes éxitos en plazas importantes, como en Madrid, donde salió por la Puerta Grande de Las Ventas. Fue uno de sus triunfos más soñados y la recompensa a una trayectoria de lucha y sacrificio por conseguir destacar en su profesión.

En aquella visita exprés el de Orduña se enamoró perdidamente de la modelo riobambeña, una joven muy arraigada a su tierra natal, como bien se puede comprobar en sus redes sociales. La pasión de ambos por la tauromaquia les unió en una vertiginosa relación de amor casi sin un periodo de noviazgo, ya que ese mismo año, en octubre, y casi en secreto, como han mantenido su relación durante estos tres años, se casaron en tierras vascas. Allí fue donde el torero vivió su breve infancia, ya que desde muy joven, y aunque en un principio destacó como pelotori, éste abandonó su ciudad natal y a su familia en busca de un futuro vinculado al mundo taurino.

Cayetana abandonó Ecuador y decidió cruzar el «charco» dejando allí a su familia y su profesión como maniquí para vivir junto a Iván su historia de amor. Un romance que forjaron en una parcela situada en el pequeño pueblo de Fuentelencina, en la provincia de Guadalajara, que el diestro compró para hacerse su «finquita» con una pequeña plaza de tientas para su entrenamiento y disfrute personal. Según allegados a la familia, en breve se iba a realizar la inauguración de la plaza, ya que estaba casi lista.

Fruto de su matrimonio, la pareja tuvo en agosto de 2015 una hija, Mara, que este año cumplirá dos años. Fue bautizada el 16 de octubre del año pasado en la ciudad alcarreña. Fandiño, según comentas a LA RAZÓN personas cercana a él, era muy niñero y protector de su familia. Nunca quiso ser un personaje público y siempre se mantuvo al margen, queriendo destacar únicamente por sus triunfos sobre el albero. Por ello, Cayetana siempre le apoyó desde la sombra, donde desea seguir permaneciendo. Alejada de los focos mediáticos a los que su marido rehuía fuera de las plazas.

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