Cuando Stalin fue la estrella en la cabalgata

El Gobierno municipal de Manuela Carmena en Madrid ha introducido una carroza en la cabalgata de Vallecas para la defensa de la «diversidad LGTBI». En ella irán tres mujeres como «reinas magas», una de las cuales es cantante de cabaret y la otra una «drag queen», La Prohibida. La Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, por otro lado, han pedido que los niños vayan vestidos de amarillo a la cabalgata de Manresa, que será retransmitida por TV3, para expresar su apoyo a los presos.

La tradición nació en el último cuarto del XIX. Fue una representación teatral que se utilizó como acto benéfico para la recogida de juguetes en beneficio de los niños más desfavorecidos. En la década de 1910 se generalizó el recorrido de los Tres Magos de Oriente, a caballo, por las ciudades más importantes de España. Entonces estaba en manos de casas comerciales y de la prensa, con desfile y música.

El uso de esta celebración religiosa de carácter infantil y familiar para fines políticos o de adoctrinamiento no se realizó hasta mucho después. Fue en 1937 y 1940, cuando comunistas y falangistas se ocuparon de su organización. La fiesta abandonó la inocencia, y entró de lleno en la política y el odio.

El Gobierno socialista de Largo Caballero abolió de facto la Navidad en el invierno de 1936. Carecía de sentido que un proceso revolucionario comunista y ateo mantuviera una celebración cristiana, con Reyes, que reproducía a su entender las formas de alienación del pasado. El Ejecutivo sustituyó las fiestas navideñas por la «Semana Infantil», y la cabalgata del 5 de enero de 1937 por un desfile.

La nueva cabalgata fue organizada en Valencia por el comunista Jesús Hernández Tomás, ministro de Instrucción Pública (hoy, Educación), con la supervisión de Carlos Esplá, ministro de Propaganda. El desfile se celebró por la mañana. Abrió la marcha una sección de Guardia municipal y una mujer a caballo como alegoría de España, quienes dejaban pasó una efigie de Largo Caballero portada por tres hombres.

Luego continuaban las carrozas infantiles mezcladas con las políticas. Una llevaba un enorme busto de Stalin, al que seguía un coche con escalinata y un soldado soviético, y una pancarta que decía: «¡Vivan los niños del mundo entero y especialmente los niños soviéticos que ayuden fraternalmente a los niños antifascitas de España!». La comitiva la cerraban los milicianos. Los niños se arremolinaban al paso del desfile político, respondiendo a los procesionarios levantando el puño.

Los «malos» también tenían su sitio en la cabalgata. Ahí estaba la llamada «Caja de los sustos», que era un cubo gigante del que salía una gran cabeza de Franco cuando se apretaba un resorte. La precedía una figura de Queipo de Llano con un traje de plumas, una botella en la mano derecha, y un micrófono del que salía un puño con el lema «Pueblo» que le golpeaba el rostro. La revista «Ahora» decía que los «traidores» debían tener su lugar en el acto infantil para que los niños vieran a «Franco, el nazi, asomando su cabezota antipática» y a «Queipo, el borracho».

Muy diferente fue la celebración de 1940. Los tiempos habían cambiado. El «ABC» no era ya el «Diario republicano de izquierdas», y reproducía en su página 5 una foto de Goebbels repartiendo juguetes con un Papa Noel al fondo. Eso mismo hizo Carmen Franco, la hija del dictador, en los salones de la Asociación de los periodistas madrileños. Aquel acto ponía fin a una semana de representación de «El misterio de Navidad» organizada por las Organizaciones Juveniles de la FET y de las JONS, el partido único del régimen.

Tras los regalos llegó la cabalgata. Aquel 5 de enero reaparecieron los Reyes Magos por las calles de Madrid. Figuraba en primer término la Guardia municipal montada, banda de cornetas y tambores de los jóvenes falangistas y requetés. Los Magos de Oriente iban flanqueados por «esclavos porta-antorchas» y coros de pastores y «zagalas». La comitiva la cerraban tres centurias de Falange. A su paso, la gente levantaba la mano haciendo el saludo fascista.

En la Barcelona de 1940 ocurrió lo mismo. La Sección Femenina de la FET y de las JONS organizó el reparto de juguetes y canastillas bajo los retratos de Franco y José Antonio. Los Reyes de Oriente reaparecieron en el Paseo de Gracia, saliendo de la Plaza de España, con desfile militar, y regalos en un elefante de cartón. Las calles quedaron abarrotadas de gente. «La Vanguardia» del 6 de enero decía: «La tradicional Noche de Reyes, eclipsada durante el siniestro periodo rojoseparatista, quedó restablecida anoche con un esplendor inusitado». El periódico barcelonés resaltaba que «nunca como en el día de ayer» se había visto tanta alegría por la «reintegración de esta bella y tradicional costumbre española».

Source: NGT

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