De la DUI a la bilateralidad

El Parlament de Catalunña declaró la independencia y la constitución de la República Catalana. Eran las 15 horas y 27 minutos. Fue una declaración efímera en un hemiciclo semi vacío. El Senado aprobó la aplicación del artículo 155 y el Consejo de Ministros lo puso en marcha. Puigdemont fue cesado y junto a él, un centenar de altos cargos, entre ellos, el Mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero.

En este mes ha pasado de todo. Barcelona se tiñó de rojigualda con dos grandes manifestaciones. Los independentistas convocaron una huelga general contra la aplicación del 155 y el encarcelamiento de los consellers, los líderes de la Asamblea Nacional y Òmnium Cultural, y el vicepresidente Oriol Junqueras, registrando un escaso seguimiento. El presidente cesado, se fugó a Bruselas, desde dónde ejerce de exiliado. Casi 3.000 empresas, más del 40% del PIB catalán, han abandonado la comunidad. La Mesa del Parlament, con su presidenta Carme Forcadell acata el 155 y quedan en libertad con medidas cautelares. Ahora, el Supremo concentra la causa de todos los implicados por una declaración unilateral de independencia que ha puesto a Cataluña, y a España, al borde del precipicio.

La aplicación del 155 y la convocatoria de elecciones ha acelerado el cambio de postura de los independentistas. La primera consecuencia del fracaso de la DUI se concreta en su división. Junts pel Sí es un experimento que ha quedado para la historia. Las fuerzas independentistas acataron las elecciones, aunque las revisten de «ilegitimidad», concurriendo por separado. ERC aspirando al «sorpasso» a los herederos de la Convergència «de toda la vida». Ambos se despiden de la CUP, que los ha llevado por unos derroteros no deseados. Junqueras quiere ser presidente frente a Puigdemont que ha anulado a su partido, el PDeCAT, y lo ha dejado en un papel de mamporrero. De hecho, Puigdemont amenazó a Marta Pascal y a Artur Mas con presentar una lista al margen del partido. Al PDeCAT no le quedó más remedio que hincar la rodilla ante un líder que va de por libre con propuestas que se acercan al esoterismo.

El fracaso de la DUI, está llevando al soberanismo por otros caminos. Los que los sugirieron antes del 27 de octubre han ardido en pira patriótico. Los consellers que se negaron a seguir y fueron cesados, el conseller Santi Vila que aguantó hasta el último minuto, y el propio PDeCAT con Marta Pascal a la cabeza que alertaron del desaguisado.

Fueron descalificados por los mismos, que ahora, abogan pasar de la DUI a la bilateralidad.

El primero en alertar del cambio de ritmo del independentismo fue Joan Tardà, el diputado republicano en el Congreso. En horas se le sumaron todos. Se reconoció que no existían estructuras de estado –desde el PDeCAT se acusa directamente a Junqueras de este fiasco–, que no había una mayoría social independentista porque los Comunes les negaron el apoyo en el último segundo, reconociendo que en 2015 el independentismo perdió en votos, y que no estaban preparados para llevar adelante la nueva República porque no habían previsto «la fuerza» del Estado. Aquí aparece la nueva musa del separatismo, Marta Rovira, para decir que no se implementó la DUI ante la amenaza cierta de muertos en las calles por la brutal represión que el Estado iba a poner en marcha. Nadie le da la razón salvo los «hooligans» henchidos de patriotismo.

Con excusas de mal pagador, los «indepes» han virado. Ahora la bilateralidad es su bandera. El nuevo gobierno independentista iniciará conversaciones de tú a tú con España, que Puigdemont desde Bruselas la ve fascista con el apoyo de la decadente Europa. A ciencia cierta, la bilateralidad es un concepto etéreo que lo justifica todo y que trata de evitar la fuga de votos el 21-D, pero no está embastado. ERC lidera esta opción y se afana en lograr el apoyo de un PDeCAT. La CUP se ha quedado en su trinchera anticapitalista, antisistema y unilateral.

Source: NGT

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