Del espacio en los SMS de Rajoy al encriptado de Iglesias

Meses de estrategia independentista se fueron al traste en una décima de segundo la semana pasada cuando un mensaje enviado por Puigdemont a unos de sus compañeros de fuga de ERC se filtró a la prensa gracias a la habilidad de un cámara de televisión alerta. El hecho es especialmente significativo si se tienen en cuenta que la Generalitat y el bloque independentista en su conjunto es, con gran diferencia, el cuerpo político que más cuidado pone en la seguridad de sus comunicaciones por móvil. El gobierno autonómico catalán adquirió teléfonos encriptados en las vísperas del 1-O que lograron burlar al CNI. Además, Puigdemont utiliza la aplicación de mensajería Signal, recomendada por expertos en ciberseguridad… un cúmulo de medidas que, al final, le fallaron en el instante en que más necesaria privacidad. No es la primera vez que un mensaje indiscreto daña la estrategia de un partido –como pueden atestiguar Rajoy o Pablo Iglesias, entre otros– pero, ¿han aprendido la lección los políticos? ¿Cuál es la cultura peculiar de cada formación a la hora de utilizar el móvil en su labor cotidiana?

Cada familia política es un mundo y Moncloa lo es también… y muy particular además. Cuando a finales de 2011 el equipo de Rajoy empezó a aterrizar en Moncloa y recibió teléfonos móviles de Presidencia estuvo mal visto durante meses y meses utilizar Whatsapp por lo que todo el intercambio de mensajes se producía a través de SMS. España entera se volcaba con entusiasmo en Whatsapp pero en Moncloa se consideraba poco profesional y se prefería masivamente el sistema tradicional: los mensajes de toda la vida. Fueron los propios responsables de la seguridad de las comunicaciones de Presidencia del Gobierno los que hicieron correr la voz de que, en realidad, preferían que se utilizara la popular aplicación de mensajería porque era bastante más segura. Ahora, tanto Moncloa como el PP funcionan casi exclusivamente por Whatsapp y más de un cargo popular ha dejado caer que su principal competidor, Telegram, casi no se utiliza. «Eso es de Podemos», confiesa un diputado autonómico es este partido entre risas.

Como todo el mundo recuerda, el PP fue fuertemente sacudido por la filtración de los SMS de Rajoy al ex tesorero Luis Bárcenas. Pues bien, Moncloa aprendió la lección: fuentes de presidencia confirman que ninguno de los colaboradores del presidente del Gobierno tiene guardado el número del jefe de Gobierno como «Rajoy» o «Mariano» o «presidente» sino con terceros nombres como «Juanjo» o «Antonio» u otros por el estilo. Sin embargo todo el mundo en Moncloa conoce una marca de estilo inconfundible que señala los mensajes de Rajoy, una peculiaridad que les hace infalsificables y reconocibles universalmente: por alguna razón que nadie sabe explicar, Mariano Rajoy siempre deja un espacio en blanco entre la ultima palabra de la frase y el punto y final. Y los SMS a Bárcenas llevan este sello característico.

También dentro del Gobierno, especialmente delicado es el trasiego de información que viaja desde el palacio de Santa Cruz, sede central de Exteriores en Madrid, a cientos de consulados y embajadas españolas diseminados por todo el mundo. Los funcionarios del departamento dirigido por Dastis cuentan con teléfonos móviles proporcionados por el ministerio que cuentan con medidas de seguridad especial para evitar interceptaciones. Se prima la utilización del email corporativo de Exteriores que es soportado por servidores controlados por el ministerio pero para los cables y despachos reservados entre las embajadas y Santa Cruz se utiliza un sistema especial de transmisión a través de antenas propias que aseguran la absoluta confidencialidad de las comunicaciones. Es este el sistema que utiliza el Gobierno para recibir y enviar informaciones a todo cuerpo diplomático español presente en los cinco continentes, los oídos y los ojos del Estado en el mundo.

De todas las formaciones políticas sin duda es Podemos la que utiliza de forma más generalizada aplicaciones de mensajería instantánea y, especialmente Telegram, una herramienta que en buena parte ha contribuido a popularizar en nuestro país el partido morado. De hecho la práctica totalidad del trabajo en grupo que se realiza en Podemos se centraliza a través de Telegram, un aplicación que, en un primer momento, fue seleccionada por Iglesias y los suyos por su excelente sistema de encriptación pero que pronto se hizo imprescindible debido a que permitía (mucho antes de Whatsapp) compartir todo tipo de archivos (textos, pdfs, audio y vídeo) sin que existiera apenas límite de peso.

Podemos utiliza Telegram para todo: no es inusual que un diputado, un cargo medio interno o un responsable de prensa de algún área tenga abiertos hasta 100 grupos de mensajes en los que se compartimenta el trabajo en equipo y se actualiza el mensaje. Todos los contactos en partido se realizan en esta plataforma, incluida la comunicación entre los círculos y la dirección. La estructura descentralizada del partido, que es realidad una amalgama de confluencias regionales lideradas nominalmente por Iglesias, hace a Podemos muy dependiente de las nuevas tecnologías. Existen, por ejemplo, grupos permanentes como el de cada Consejo Ciudadano Autonómico o el de información de Prensa y grupos «efímeros» que se crean para compartir ideas sobre un tema puntual o para aportar ideas a un portavoz del partido que tiene una cita especialmente relevante con algún medio de comunicación. Telegram es útil también por una utilidad concreta: permite crear chats privados que no se alojan en los servidores de la herramienta sino sólo en los móviles de los interesados y además prohíbe las capturas de pantalla con lo que el riesgo de filtraciones a la prensa es prácticamente nulo.

En el otro gran partido de la «nueva política», Ciudadanos, no hay tanta obsesión por la seguridad. La aplicación que más se utiliza es Whatsapp aunque también está extendida Telegram. No existen directrices por parte de la dirección del partido en lo que respecta a la seguridad de las comunicaciones. En el PSOE aun quedan muchos asiduos al SMS, sobre todo entre los barones territoriales de la vieja guardia, la mayoría de los cuales ni siquiera han oído hablar de Signal. Sin embargo eso no significa que sus comunicaciones sean más vulnerables. Ni tampoco menos: como ha demostrado el caso de Puigdemont esta semana, estar a la última no vacuna contra la mala suerte… o contra los cámaras perspicaces.

Source: NGT

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