Doña Sofía, en el Rastrillo: "Usted ha sido nuestra Gran Reina"

 

Con un carisma arrollador y una amabilidad impecable, su Majestad Doña Sofía echó el telón a El Rastrillo Nuevo Futuro, que durante diez días en la madrileña Casa de Campo ha centrado su labor en recaudar dinero para dar hogar a los menores. La almoneda solidaria siempre ha contado con el apoyo de la familia real. La reina emérita nunca ha fallado, y si en esta 47 edición lo ha hecho tan tarde es porque se encontraba de viaje en Miami con su nieta Victoria Federica para visitar a Froilán. De cualquier forma, don Juan Carlos lo hizo antes, la infanta doña Pilar ha estado los primeros días y su hija, sobrina de los Reyes, Simoneta Gómez Acebo, se ha puesto el delantal los diez días. Ayer incluso ayudó su hijo menor, Pablo.

Otro años Doña Sofía iba con algunas de sus hijas; esta vez, lo hizo acompañada de su hermana Irene, pero igualmente compró regalos para toda la familia, principalmente para las mujeres, sus hijas, nuera y nietas. Derrochó simpatía, tanta que no dejó de comprar en ninguno de los puestos en los que siempre lo ha hecho –los navideños, por ejemplo, porque colecciona belenes– y en todos aquellos en los que les mostraban sus artículos.

Doy fe de que doña Sofía hizo compras en el mercadillo solidario por valor de más de 1.000 euros. La mayoría se las llevó –su asistente iba recogiendo compras y pagando tres puestos por detrás, porque no daba a basto– y otras las encargó. Compró diademas, bufandas, pasminas, un vestido para ella, pantalones, bolsitos y cuelgamóviles con dibujos de perro, clutches, libros, casitas-calendarios de adviento, belenes, ponchos, collares, pulseras, colgantes… y hasta empanadas de queso en el puesto de Palestina porque ir de compras da hambre. Todo un recorrido de algo más de una hora hasta que la comitiva consiguió llegar, abriéndose camino entre el cariño de la gente, donde le entregaban el premio «Menina Ventera» de la mano de su escultora Esperanza Colastra y con la presentación de Nieves Herrero, que sentenció lo que los presentes le habían escrito: «Usted ha sido nuestra gran reina». Después, cambió de opinión y se sentó a comer: un plato de alcachofas y agua.

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