El cinismo y Picardo

El más gracioso es el gibraltareño Picardo. Sus maestros ingleses tienen históricamente fama –¿merecida?– de cínicos, pero Picardo es alumno aventajado. Lee que España ha logrado que la UE afirme que Gibraltar es una colonia y él ve ahí la mano alevosa hispana y se indigna: «España aprovecha cada oportunidad para meternos el dedo en el ojo», declara sulfurado. ¿Que esperaba? ¿Que abandonemos lo que decimos desde hace más de 300 años, que consideramos el peñón español y deseamos que pacíficamente Londres nos lo devuelva? Ningún Gobierno nuestro ha dicho lo contrario y se ha enfocado el problema de diversas maneras. Franco cerró la verja; F. González la abrió; Matutes y Piqué, con Aznar, ofrecieron una cosoberanía; Zapatero y Moratinos utilizaron la zalamería –tampoco funcionó– sentando a los gibraltareños a negociar junto a ingleses y españoles; Borrell, con otros problemas acuciantes, dio a entender que lo de la soberanía no es urgente, pero ninguno ha insinuado que no lo consideramos una colonia.

El gran Picardo debe pretender que ahora, cuando el Brexit nos permite remachar que Gibraltar no forma parte de Gran Bretaña sino que es una colonia, nos callemos y se lo pongamos fácil cuando Londres salga de Europa.

Los embajadores de la Unión sólo han repetido la doctrina de la ONU (Gibraltar es colonia sobre la que deben negociar España y Gran Bretaña), la de la Unión (Gibraltar no es parte de Gran Bretaña, sentencia del 2003 del Tribunal de Justicia europeo) y lo que admitió la propia señora May en carta a Tusk, presidente del Consejo , en 2017: «Irlanda es el único estado de la Unión que tiene una frontera terrestre con nosotros». Lo que significa que España está lindando no con Gran Bretaña, sino con una colonia, un territorio anómalo.

Lo de ayer es una repetición de lo que logró Margallo en 2017 cuando el Consejo aprobó que ningún acuerdo entre la Unión y Gran Bretaña podrá, efectuado el Brexit, aplicarse al territorio de Gibraltar sin acuerdo de España.

Estamos donde estábamos. Hay que negociar sobre Gibraltar. Nosotros queremos respetar los intereses de sus habitantes con la cosoberanía. Londres dice que debemos respetar sus deseos.

Muy democrático, pero algo que los ingleses no respetaron en el caso de Hongkong. Había un tratado pero se fumaron un puro con los deseos de los de Hong Kong. De nuevo, una pizca de cinismo.

Source: NGT

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