El duelo electoral entre dos Francias incompatibles

Si hay un calificativo que defina al dúo que forman Marine Le Pen y Emmanuel Macron, ése es incompatible. Ni en el fondo ni en la forma. Ni en el público al que se dirigen. Ambos tienen alguna intersección con los otros dos grandes candidatos, pero ninguna entre ellos más allá de su preconizado amor por Francia y de terminar cantando La Marsellesa al final de cada mitin. A partir de ahí, y como si de dos Francias se tratara, Le Pen y Macron simbolizan dos proyectos opuestos hasta el extremo. Proteccionismo frente a liberalismo. Eurofobia contra europeísmo. Políticas inmigratorias restrictivas frente a aperturismo y derecho al asilo. La Francia que quiere Le Pen es lo opuesto al programa de Macron.

Una pareja antagónica que celebró ayer un duelo de mítines en un escenario no neutral, pero obligatorio para cualquier candidato. París es territorio hostil para Le Pen, pero al mismo tiempo, plaza obligada para cualquier candidato que aspire a presidir el país. Era obligado el paso por la capital de la líder ultraderechista y se celebró bajo altas medidas de seguridad que evitaron incidentes mayores. Varios grupos antifascistas se manifestaron a primera hora de la tarde en las inmediaciones de la macrosala de conciertos Zenith, una de las más emblemáticas de la capital, desde donde Le Pen se dirigió a 6.000 de los suyos. Le Pen volivó a cargar contra «los burócratas y tecnócratas de Bruselas que pretenden nuestra sumisión y desposeernos de nuestras leyes y de poder decidir nuestro destino». La líder ulraderechista ha atacado a esos candidatos como Macron que «pretenden aún más sumisión hacia Europa y el mundo de la finanzas», que para Le Pen están en el origen de los principales problemas que padece el país.

Al cierre de esta edición, aún se registraban enfrentamientos delante de la sala y la Policía tuvo que emplear gases lacrimógenos tras algunas escaramuzas y algunos de los altos cargos del Frente Nacional, como el diputado Gilbert Collard, fueron fuertemente abucheados a su llegada al Zenith.

El mensaje de Macron, al contrario, cala bastante más entre los urbanitas parisinos que en el medio rural y obrero. Desde el pabellón de Bercy, en las inmediaciones del Ministerio de Economía que él mismo dirigió hasta el verano pasado, el candidato de En Marcha volvió a defenderse de las acusaciones de indefinición política y de querer contentar a todos con un mensaje vacío frente a 20.000 seguidores. Para ello, volvió a evocar la figura del general De Gaulle afirmando que él «como De Gaulle elige lo mejor de la derecha, de la izquierda y del centro». El candidato liberal fue interrumpido por varios cantos de La Marsellesa a los que no dudó en sumarse. Nada improvisado, ya que las filas de Fillon y de Le Pen llevan días acusándole de no defender las raíces francesas.

El benjamín de los aspirantes, de 39 años, tiene prevista una semana cargada de actos para convencer a esa gran bolsa de indecisos que anuncian todas las encuestas, consciente de que su voto es el más volátil y que casi todos los que dudan entre más de una opción, tienen la de Macron en el aire. Su movimiento tiene previstos hasta 1.000 actos de campaña cada día hasta las urnas.

Volatilidad demoscópica

Las encuestas señalan que, aunque Le Pen y Macron siguen encabezando las intenciones de voto, el izquierdista Jean-Luc Mélenchon y el conservador François Fillon les pisan los talones, con porcentajes que bordean el 20% que incluso se pueden tomar por residuales teniendo en cuenta el margen de error demoscópico. Un último sondeo de la televisión BFM aparecido a última hora del lunes daba una ligera ventaja a la pareja de antagónicos con un 24% para el liberal y un 23% para la ultraderechista, cuatro puntos por delante de los otros dos candidatos con opciones a colarse en la segunda vuelta del 7 de mayo. Pero la tasa de participación sigue siendo la otra gran incógnita, ya que sólo el 68% de los franceses se muestra convencido de ir a votar el domingo, en un país con alta tradición participativa en este tipo de comicios. En esta ocasión, las anomalías de la campaña permiten que la emoción por el desenlace y la alta abstención puedan conjugarse en una misma cita, según apuntan los analistas. Un escenario que permite que cualquier combinación entre los cuatro sea posible este domingo de cara a la segunda vuelta del 7 de mayo en la que Francia otorgará el relevo del socialista François Hollande. La única certeza en la que coinciden todas las encuestas es que si Macron pasa de ronda, sería presidente sea cual sea su rival. A la inversa sucede con Le Pen, que perdería sobre el papel con cualquiera de los otros tres. Pero las experiencias recientes de Donald Trump y el Brexit son evocadas por la líder ultraderechista a cada paso para convencer a los suyos de que, esta vez sí, el techo de cristal del Frente Nacional puede estar a punto de romperse.

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