El G-5: Los ministros que cuestionan la comunicación de Moncloa

«El presidente está tocado y muy mal asesorado». La reflexión es unánime entre un grupo de ministros del Gobierno, atención, con peso político en el partido, tras la última sesión de control en el Congreso de los Diputados. La pasada semana, los pasillos de la Cámara eran un hervidero entre los miembros de este «núcleo duro» del Ejecutivo y veteranos parlamentarios del PSOE que, con gran discreción, almorzaron en el reservado de un restaurante algo alejado del Palacio de las Cortes para esquivar testigos incómodos. La conclusión es clara: mantienen su lealtad a Pedro Sánchez, pero cuestionan duramente la gestión de Moncloa sobre su tesis doctoral. «No se ha podido hacer peor», opinan estos ministros muy críticos contra los dos pilares ahora enfrentados en la estrategia presidencial: el jefe de gabinete, Iván Redondo, y la vicepresidenta Carmen Calvo. La situación actual, según estas fuentes, es de una total descoordinación en el gobierno de Sánchez en el que cada uno va por su cuenta bajo un lema acuñado por un ministro con mucha «mili» a sus espaldas: «Sálvese quien pueda».

Las últimas y positivas noticias sobre Pablo Casado, limpio de polvo y paja por la Universidad y la Fiscalía, han quebrado por completo la estrategia de Moncloa centradas en el ataque al líder del PP. «El tema de la tesis le descompone», aseguran algunos ministros y colaboradores cercanos del presidente que así perciben su ánimo. «Este es un gobierno presidencialista a golpe de titulares», opinan en privado varios miembros del gobierno, unos con larga trayectoria en el PSOE, y otros independientes con profesión acreditada fuera de la política. Aunque todos reafirman de momento su clara fidelidad al presidente, reconocen que este tema de la tesis doctoral le ha dejado «noqueado». Y son enormemente críticos en cómo se ha gestionado, sobre todo en relación a las amenazas contra los medios de comunicación. «Craso error, un presidente habla un día, los medios hablan todos los días», advierten con sorna algunos miembros del Ejecutivo.

Las tensiones en Moncloa son fuertes y el ánimo de Pedro Sánchez fluctúa con altibajos. Su reciente entrevista televisiva, en la que hasta diecisiete veces enfatizó con esa frase «Yo soy el presidente del gobierno», han encendido las alarmas. «Está hipotecando la acción de gobierno», asegura uno de los ministros más cercanos a Sánchez, pero también receptor de las quejas de los «barones» socialistas. Algunos de ellos han hecho llegar a Ferraz su preocupación, incluso con viajes personales a Madrid. Entre estos figuran la andaluza Susana Díaz, el castellano-manchego Emiliano García-Page, el valenciano Ximo Puig, y el aragonés Javier Lambán. Las continuas rectificaciones del gobierno y, sobre todo, la ambigüedad ante el conflicto catalán, les tienen «de los nervios», en palabras de ellos mismos, que deberán dar la cara en las próximas elecciones autonómicas y municipales del mes de mayo. «Esto nos pasará factura», aseguran.

El papel de la portavoz del gobierno, Isabel Celáa, es muy cuestionado, y el triunvirato monclovita, Calvo, Redondo, Oliver, aún más. A la primera, como vicepresidenta del gobierno, varios ministros la critican sin ambajes por su absoluta descoordinación , y además, por su imprudencia. En una reciente reunión con diputados socialistas, Carmen Calvo les llegó a decir lo siguiente: «Tengo yo que hacerlo todo porque Pedro no tiene experiencia», cuentan quienes la escucharon. Algo que revela la absoluta descomposición de un gobierno que hace aguas por todas partes con un intento de «recolocarse» por parte de cada uno de sus miembros. «El capitán ya no controla el barco», admiten los ministros más vinculados al partido, conscientes de que este asunto del doctorado le ha descompuesto. «Si Rajoy entregó el gobierno al PSOE por no soportar ataques a su honradez, Pedro tampoco aguanta el tema de la tesis», dice un líder regional socialista que ha hablado con el presidente en los últimos días.

En medio de esta situación, varios ministros y destacados dirigentes del PSOE coinciden en que la mejor solución sería una convocatoria de elecciones para frenar el desgaste. «Antes no lo veía, pero ahora creo que sería lo mejor», dicen cualificados socialistas de la Administración nacional y regional. Opinan que, cuanto más tarde, será peor para los propios intereses del partido, toda vez que el desafío catalán lejos de amortiguarse, se acrecienta. La anunciada reforma de la Constitución y los aforamientos son, en opinión de estas fuentes, puramente «bailes de salón», dado que nada será posible sin el apoyo del PP, frente a las exigencias de Podemos y los separatistas. En el seno del gobierno, sobre todo entre los ministros con larga experiencia política, causa enorme malestar el protagonismo de Pablo Iglesias: «No hemos entrado aquí para obedecer a Podemos», advierte un ministro bastante harto de las exigencias del líder morado.

Así las cosas, de cara a la galería Pedro Sánchez y su equipo piensan aguantar, pero las tensiones en Moncloa son cada vez mayores. Según ha sabido este periódico, el presidente sólo despacha con su jefe de gabinete, Iván Redondo, y la vicepresidenta Carmen Calvo, manteniendo comunicación con sus ministros únicamente por «whatshapp». La estrategia del grupo parlamentario socialista en el Congreso, con Adriana Lastra como portavoz, es también muy criticada. «No tiene experiencia ni formación», admiten muchos diputados bastante molestos con la actitud de Lastra y la argucia sobre la ley de Estabilidad presupuestaria. «Esto nos puede salir caro», dice un veterano diputado que estuvo en la dirección del grupo con Alfredo Pérez Rubalcaba.

Un gobierno con nula sintonía, al ritmo del presidente y los titulares informativos sobre su tesis doctoral, con varios ministros «chamuscados». Es el resumen de la situación mientras arrecia el conflicto catalán y la economía se resiente. Con una añagaza, «Culpar como siempre al mensajero, o sea al periodista». Esto, según varios ministros y altos dirigentes del PSOE, es «lo peor que podemos hacer». En definitiva, un gobierno que naufraga, con el salvavidas puesto, y un capitán que ha perdido el rumbo.

Source: NGT

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