El populista pragmático

El político que regirá los destinos de México durante los próximos seis años es un hombre austero, tozudo, cristiano, con preocupación social y una seguridad inamovible acerca de su superioridad moral. Es Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de 64 años, un hombre que levanta pasiones. Lo tomas o lo dejas. No parece haber término medio. El candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), un partido creado a su imagen y semejanza, llega a la Presidencia tras haber fracasado en dos ocasiones en 2006 y 2012.

Existe una gran incertidumbre sobre el patrón que seguirá AMLO como presidente de México. ¿Seguirá un esquema caudillista o será un demócrata liberal respetuoso con las instituciones y el Estado de Derecho? Su afán de conquistar la presidencia le ha llevado a moderarse en la campaña y, muchas veces, a contradecir su propio programa. Dice que no tolerará a los corruptos, pero en su equipo hay personas salpicadas por sonoros escándalos.

Su veta populista asoma en algunas de sus variopintas propuestas. Defendía que si ganaba las elecciones no se mudaría al palacio presidencial para abrirlo al público como lugar cultural. También ha prometido dar 2.300 pesos a los jóvenes para que no delincan e incluso anunció una amnistía para los delincuentes que se metieron en el negocio del narco por falta de oportunidades. No menos llamativa es la afirmación de que sólo con el hecho de tener un presidente honesto disminuirá la corrupción nacional. También asegura tener una conexión especial con el pueblo.

López Obrador es un hombre hecho a sí mismo. Nació en Tabasco, en el sur de México, en una familia humilde. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma. En 1976 se afilió al PRI y comenzó su carrera en Tabasco. Durante cinco años fue delegado del Instituto Nacional Indígena en este Estado sureño. Allí se forjó como militante del ala más izquierdista del PRI. Cansado de la deriva neoliberal del partido, en 1988 se marchó para unirse al PRD de Cuauhtémoc Cárdenas. En Tabasco perdió unas elecciones a gobernador que, dijo, estuvieron amañadas.

En el año 2000 se convirtió en jefe de Gobierno de la capital. Puso en marcha una política de austeridad pero impulsó un sistema de ayudas a los ancianos y fomentó el capital privado. Rehabilitó el centro histórico de la ciudad con las empresas del hombre más rico de México, Carlos Slim. «Fue uno de los alcaldes más célebres del mundo. Hizo alianzas con los grandes empresarios y con la Iglesia. La capital no se convirtió ni en Venezuela ni en Cuba», explica Alfredo Campos, director editorial del periódico «Milenio». Los enemigos, en cambio, señalan que la herencia fue gran deuda, corrupción entre los miembros de su equipo y falta de transparencia.

En 2006, se lanzó por primera vez a las presidenciales. Las encuestas le daban vencedor, pero finalmente perdió por un estrecho margen ante el derechista Felipe Calderón. Obrador clamó que le habían robado las elecciones y denunció un fraude monumental. Paralizó durante meses el centro de Ciudad de México con protestas de miles de seguidores. La campaña del miedo ante la llegada del «Chávez mexicano» y sus propios errores lo sepultaron. En 2012, tras sufrir la segunda derrota ante Enrique Peña Nieto (PRI) y cuando muchos le daban por muerto, decidió irse del PRD y fundar su propio partido, Morena. Uno de sus mayores opositores es el historiador Enrique Krauze, quien le ha definido como «el mesías tropical», una «persona de naturaleza imperiosa e intolerante» y un enemigo del liberalismo que «podría poner fin al ensayo democrático mexicano». José Agustín Ortiz Pinchetti, amigo de Obrador y autor de una reciente biografía sobre el personaje, asegura que «Andrés es un liberal, pero un liberal con conciencia social» que «no quiere debilitar ni destruir a la clase pudiente, a los empresarios».

Roy Campos, presidente de Consulta Mitofsky, le califica de «un luchador social más que como un político tradicional». Apunta que «su pensamiento moral es muy conservador». Siempre habla del perdón y muchas veces porta un crucifijo. El académico y escritor John Ackerman, ideólogo de AMLO, ve en Obrador «un hombre digno, un demócrata que ama a su pueblo y en absoluto un populista. Con él va a haber una mayor separación de poderes. Él lleva décadas trabajando desde abajo y afuera y sabe bien lo que es la represión, la censura y la guerra sucia y el abuso del poder del Estado».

Source: NGT Internacional

Tagged with:    

About the author /


Related Articles