España y Grecia rescatan a Berlín en la crisis migratoria

En una cumbre marcada por la tensión y los órdagos, la canciller alemana Ángela Merkel vuelve a casa con lo que quería: varios acuerdos debajo del brazo para devolver a los demandantes de asilo a los países de entrada. La condición que le había impuesto su ministro de Interior, Horst Seehofer, para no cerrar las fronteras a cal y canto de manera unilateral, provocar un posible efecto dominó y causar la caída del Ejecutivo germano.

Grecia, España y Francia son algunos de los países que han decidido sacar de este grave aprieto a la canciller y la prensa germana también apunta a Polonia y Dinamarca como salvadores. Estos acuerdos prevén que los demandantes de asilo que ya habían presentado su solicitud en uno de estos países –pero que decidieron instalarse en Alemania– sean devueltos a los Estados que supusieron su puerta de entrada al territorio europeo. El controvertido protocolo de Dublín establece así el reparto de responsabilidades. En el caso español, esto se circunscribe a los migrantes que desde España llegaron a Alemania a través de la ruta de Baviera y, como parte del pacto, será Berlín quien pague el viaje y los gastos del retorno. El presidente del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, no quiso desvelar a cuántas personas podría afectar este acuerdo pero fuentes de la Moncloa no creen que supere el centenar. Según explicó Sánchez, tras el desembarco del buque «Aquarius», con este acuerdo España alcanza el equilibrio «entre solidaridad y responsabilidad».

Además, Berlín también brindará apoyo económico a España ante el aumento de las llegadas por la ruta del Mediterráneo Occidental. Nuestro país ha conseguido que en el documento de conclusiones suscrito por los Veintiocho también aparezca esta referencia, aunque no se cuantifican cifras concretas. Según explicó el presidente del Gobierno, «España quiere ser responsable con la realidad de los movimientos secundarios» y ésta es una buena ocasión para «reforzar sus vínculos» con Berlín.

Pero aunque esta cumbre haya servido para salvar a Merkel, el debate migratorio sigue estancado. Catorce horas de negociaciones que se prolongaron hasta la madrugada del viernes tan sólo han servido para una patada hacia delante y consensuar un texto con más interrogantes que respuestas. El Gobierno de Giuseppe Conte llegó el jueves a la capital comunitaria con ánimo retador, bloqueó el texto de conclusiones a la cumbre y a cambio ha conseguido vender en casa una falsa victoria.

Los Veintiocho se comprometieron en la madrugada del viernes a poner en marcha centros «controlados» de refugiados de manera voluntaria en territorio europeo como paso previo a, también de manera voluntaria, el reparto de los demandantes de asilo. Desde estos centros también se procederá a las devoluciones de aquellos inmigrantes irregulares que escapan de la miseria pero que no son perseguidos políticos. Estos centros estarán financiados con dinero comunitario, pero se enfrentan a un problema esencial: nadie quiere albergarlos. La coalición de países voluntarios simplemente no existe. Los países del Este se oponen a cuotas obligatorias ( siempre lo han hecho) y también prefieren centros de desembarco de migrantes en las costas africanas, en línea con la propuesta del presidente del Consejo, Donald Tusk, como modo de no incitar el «efecto llamada». Paradójicamente, los países patrocinadores de la iniciativa como Francia y España también se niegan. Francia considera que deben ser los estados ribereños los que acojan estos centros y España cree que ya ha cumplido. Pedro Sánchez recordó ayer la mala situación de los CIES españoles y la necesidad de mejorarlos cumpliendo el mandato del Congreso. España tampoco dará un paso al frente en este terreno. Bélgica también indicó que deben ser los socios del sur los que se hagan cargo.

Roma cantó ayer victoria al haber conseguido que el texto de conclusiones recogiera el término «esfuerzo compartido» en relación a las operaciones de salvamento y una alusión a la necesidad de reformar el protocolo de Dublín. Al término del encuentro, el italiano Conte aseguró que los centros de migrantes podrán estar en cualquier país de la UE, no solo en los de primera llegada, y apuntó a contactos informales de posibles voluntarios. «Estaba cansado. Lo desmiento», señaló en referencia a Marcon, cuando los periodistas le recordaron la postura francesa explicada. Pero con aspecto poco fatigado y casi en paralelo a su rueda de prensa, el francés volvía a reafirmarse: no albergará estos centros.

Source: NGT Internacional

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