Esperando a Bale

Bale, gran aficionado y gran jugador de golf, disfrutó con la victoria de su amigo Sergio García en Augusta antes de una de esas semanas en las que él acostumbra a ser decisivo. Su primer año en el Real Madrid siempre se recordará como el de sus goles en las finales: el de la carrera imposible ante Bartra en la Copa del Rey y el primero en la prórroga ante el Atlético en Lisboa. «Todos sabemos la calidad que tiene, su velocidad y el daño que puede hacer el rival. Estamos muy contentos de tenerlo con nosotros», decía de él Zidane el día en el que terminaban sus tres meses de baja esta temporada. Se había roto los tendones peroneos del tobillo derecho a finales de noviembre y reaparecía 89 días más tarde después de perderse, entre otras cosas, el Mundial de Clubes y el clásico ante el Barça en el Camp Nou. Bale regresó como un huracán, jugando 19 minutos frente al Espanyol y marcando un gol muy a su estilo: con un gran remate después de un esprint a toda velocidad.

Avisó entonces el futbolista de que el tanto era una inyección extra de moral, pero que le llevaría un poco más de tiempo recuperar la forma y ponerse al mismo nivel que sus compañeros. Necesita estar a tope físicamente para ser decisivo y en ello está el extremo, mucho más apagado que antes de lesionarse. De sus nueve goles, sólo dos han venido tras su recuperación y todavía no ha regalado ninguna asistencia en los siete partidos que ha jugado desde su regreso. Se le ve más tímido, con problemas para sintonizar con el juego del equipo. No se siente tan seguro corriendo al espacio libre y se le nota más incómodo que nunca en la derecha, una banda desde la que no puede explotar plenamente su capacidad para centrar al área. El equipo se adaptó bien a su ausencia, casi tres meses de duro trabajo junto a los fisios y los recuperadores, que Bale espera poder convertir en una ventaja para lo que queda. «Siempre que hay una nube gris aparece un rayo de luz», dijo respecto a la posibilidad de llegar mucho más fresco al tramo decisivo gracias a la inactividad.

Justo esto espera Zidane, que no duda de que tiene más ventajas que inconvenientes poner al galés en el campo, por muchos debates externos que se puedan crear. Ahora viene lo importante, tanto en la Liga como en la Champions, y Zizou confía en que reaparezca la versión más pletórica de Bale. Sin ir más lejos, mañana en Múnich en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones. En el Allianz Arena ya conocen las carreras del galés. Con una de ellas habilitó a Cristiano para el tercer tanto del 0-4 en las semifinales de la Décima.

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