Gibraltar o el orgullo de la «piratería» británica

Carlos II, último monarca español de la casa de Austria, murió sin descendencia en 1700, dejando como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis IX de Francia. Fue una herencia disputada: el archiduque Carlos de Habsburgo, hijo del emperador Leopoldo I de Austria, se consideró con derecho al trono español. En apoyo de las aspiraciones del archiduque acudieron Gran Bretaña y las Provincias Unidas, que trataron de impedir la unión franco-española y el inmenso poder que concentraría el Rey Sol. La confrontación condujo a la Guerra de Sucesión, conflicto internacional de amplias repercusiones y, para España, una guerra civil de borbones contra austracistas que dejó profundas heridas, entre ellas, la pérdida de Gibraltar. En mayo de 1704 una escuadra anglo-holandesa, al mando del almirante Rooke, pretendió apoderarse de Barcelona, pero las tropas fueron rechazadas y Rooke puso rumbo al sur presentándose ante Gibraltar a finales de julio de 1704. Allí, bajo la protección de los cañones de la escuadra, desembarcaron tres mil soldados sin que la guarnición (entre militares y voluntarios, apenas 400) pudiera hacer otra cosa que contemplarles.

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