Guerra de cifras por el voto indeciso

La sucesión de Mariano Rajoy ha entrado en la fase última de guerra psicológica. En estas últimas horas la clave para los dos equipos está en imponerse en el clima de opinión y que la sensación de victoria se incline de su lado. Para ello, cada uno jugó ayer sus penúltimas bazas, porque la última será la lista con la que se presentarán ante los compromisarios. Están obligados a someter a votación a 35 vocales del nuevo Comité Ejecutivo y a señalar entre ellos a la persona que ocupará la Secretaría General del partido. Los dos equipos guardan bajo llave el contenido de esta lista, pero tanto Sáenz de Santamaría como Casado han ido encajando sus piezas con el objetivo de colocar a dirigentes de peso o con arraigo en sus territorios para consolidar o atraer votos. El componente territorial estará, sin duda, muy presente.

La lista de la ex vicepresidenta parece, en principio, más previsible porque se da por descontado que estarán sus principales valedores. Su equipo de siempre, nacional y territorial. En ese grupo de apoyos están Alfonso Alonso, Fátima Báñez, José Luis Ayllón, Alicia Sánchez Camacho, Cuca Gamarra, Celia Villalobos o Javier Arenas, entre otros. Arenas es el único dirigente de la etapa de José María Aznar que ha ido sobreviviendo en primera línea a los cambios políticos o al efecto renovador obligado por la presión de los casos de corrupción que han afectado al partido. Y ahora aunque esperan que vaya en la lista de Sáenz de Santamaría, en cualquier caso continuaría en el Comité Ejecutivo porque es miembro nato como secretario general del Grupo Popular en el Senado. La candidatura de Casado parece menos previsible, aunque en el partido anticipan que en ella figurarán los «notables» de María Dolores de Cospedal, más su equipo. En este último se han significado Javier Maroto o Andrea Levy. También habrá algún ex ministro de Rajoy, como Rafael Catalá. Al no haber lista unitaria, la integración queda limitada al nuevo Comité de Dirección del partido y a los cinco vocales del Comité Ejecutivo que el nuevo presidente del partido tiene derecho a designar. Hasta ahora, eran vocalías que se reservaban para «amigos» o personas de confianza del nuevo líder.

El Congreso extraordinario se abrirá esta tarde sin que se haya neutralizado la sensación de que el pulso sigue estando bastante igualado. Desde el equipo de Sáenz de Santamaría contestaron a las dudas generadas por el «efecto Feijóo» con la afirmación de que incluso en el peor de los escenarios, contaban con un colchón de 400 votos a su favor. Se atribuyeron un 63 por ciento de apoyos, y subiendo. El contrincante replicó que ellos estaban en el 71 por ciento. Puja al alza.

En esta guerra psicológica la candidatura de Casado ha pisado en las últimas horas el acelerador para multiplicar los pronunciamientos públicos a su favor de cargos territoriales, con Galicia como principal referente. Casado también tomó posición con su asistencia a la comida de ex ministros de Mariano Rajoy críticos con Sáenz de Santamaría, y la versión oficial de ese almuerzo fue que no tenía como objetivo hablar de la ex vicepresidenta sino «de la estrategia de futuro del partido».

El equipo de Sáenz de Santamaría replicó con otra imagen en la que la aspirante a la Presidencia del PP aparecía con su equipo de colaboradores en una reunión de trabajo y comiendo pizza.

Los dos «bandos» cantan victoria, con los dedos cruzados y sin tenerlas realmente todas consigo. A la espera de mañana, porque la tarde de hoy ha sido reservada para Rajoy, o al menos ése es el plan de Génova con la bendición de los dos candidatos.

Casado cerró su campaña en una céntrica cafetería de Madrid escoltado por el presidente de la Comunidad madrileña, Ángel Garrido, y del presidente de la gestora del partido, Pío García-Escudero, además de contar con la presencia de los ex ministros Rafael Catalá e Isabel García Tejerina, así como José Ramón García-Hernández, uno de los candidatos que perdió en la primera vuelta. Sáenz de Santamaría despidió su campaña con el mensaje de que está convencida de que mañana resultará ganadora de este proceso y no sólo liderará el partido, sino que acabará también siendo presidenta del Gobierno.

Así lo aseguró a su llegada a un restaurante del barrio madrileño de Puente de Vallecas, en Madrid, para intervenir en su último acto de esta carrera electoral en la que se mide con Casado. Ella se mostró segura de sus opciones porque «es una persona realista y ese realismo me lleva al optimismo». No quiso comentar la comida en la que su rival se reunió con varios ex ministros del Gobierno de Rajoy, pero sí destacó que si los compromisarios tienen las cosas claras y siguen los «principios e ideales» del partido votarán la candidatura «de las bases».

Los compromisarios decidirán mañana a partir de la imagen que ha quedado en campaña y con el reto de encontrar al mejor cartel electoral para las generales, pero también que «tire» en los procesos autonómicos y municipales que tendrán que afrontar en el próximo año. Sáenz de Santamaría ha intentado que su fortaleza sea su experiencia de gestión, la condición de que es la primera mujer que puede optar a la Presidencia del Gobierno y el hecho de que es la que tiene más apoyos en las encuestas demoscópicas.

Casado ha centrado el tiro en presentarse como el renovador que se sostiene sobre el grueso del «aparato» del partido, desde José María Aznar a María Dolores de Cospedal, enemigos irreconciliables salvo en el frente «anti-Soraya». La campaña ha consolidado la imagen del poder orgánico del partido conjurado en su mayoría contra la ex vicepresidenta . Desde su equipo sostienen que esto será «contraproducente» para Casado. Los compromisarios juzgarán.

Source: NGT

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