Isco: La hora de la Champions

A Isco se le odia o se le quiere, porque por su manera de jugar, no hay término medio. Y ahora, en el Real Madrid se le quiere. Con un talento con la pelota que no tiene ningún otro futbolista del conjunto blanco Isco levanta la admiración del Bernabéu tantas veces como saca de quicio a otro sector de la grada que le reprocha que dé tantos toques al balón y ralentice las jugadas de un equipo que tiende al vértigo. Sin embargo, después del partido de Gijón, Isco se ha ganado también a los críticos, está más cerca de renovar y hoy, frente al Bayern, sin Bale, todavía de baja por lesión, todo parece indicar que es él quien va a ocupar su hueco en el once. «Está preparado, como los demás. Eso es lo más importante para mí. Decidiremos quién juega antes del partido», explicaba ayer Zidane, más reservado que nunca acerca del modo de jugar contra el Bayern. Cuando le preguntaron qué características debía tener el futbolista que sustituyese a Bale en el duelo de hoy, el francés fue igual de impenetrable: «No te lo voy a decir, no voy a decir nada, ni quién va a jugar ni si va a haber cambios en el modo de jugar».

Pero está claro que la presencia de Isco cambia el modo de presentarse del Real Madrid en un choque crucial. Con la ventaja conseguida en la ida, el equipo de Zidane podría tener la tentación de esperar al rival y jugarle a la contra. Si estuviera Bale en el campo, esa tendencia sería casi natural. Con los tres de arriba bien, el Madrid es un equipo muy y profundo y vertical, que sabe buscar la espalda de la defensa rival. Si entra Isco en vez del lesionado Gareth, cambia la naturaleza de los de Zidane: con Modric, Kroos, Isco más Casemiro alrededor de la pelota no queda más remedio que tenerla y llevar el control del choque. Es un equipo más compacto, aunque puede que menos profundo.

«Tengo decidido quién juega, pero no lo voy a decir. Todos lo están haciendo fenomenal, pero tengo que elegir y me alegro de que todos estén a este nivel. Es mejor tener esta dificultad para elegir», continuaba ayer Zidane, para mantener la incertidumbre ante el rival. Sin embargo, que no juegue Isco esta noche en el equipo titular sería una sorpresa.

Pese a que fue Asensio quien sustituyó a Bale en Múnich y completó un encuentro para darse a conocer en toda Europa, con un pase sensacional a Ronaldo, no parece claro que Zidane apueste por él esta noche. También tiene la opción de Lucas Vázquez, pero el extremo está siendo más irregular que la temporada pasada y ya no es la primera solución. James no está en los primeros planes del francés y otra opción es Kovacic, cuya presencia en el once vuelve a condicionar al equipo. Con el croata, el Madrid jugaría a contener al rival antes que hacerle daño. Podía ser una opción de Zidane, aunque no es probable que juegue con Casemiro y Kovacic en el centro del campo en un partido tan importante.

Ninguno le da lo que ahora mismo le ofrece Isco: juego interior para un equipo que ha hecho de los balones cruzados desde la banda al área su mejor arma. Con Marcelo y Carvajal en los laterales y con la voracidad rematadora de Ronaldo o la incorporación de los defensas, puede que en Europa no haya equipo más letal en los balones al área. Isco le da una variante con su fútbol de asociación y sus regates. De largo, es el futbolista que más regatea en el conjunto blanco. En Liga, esta temporada, suma 100 regates, 3,85 por partido. Ronaldo ha hecho 84, a 3,5 por encuentro. Detrás ya están Lucas Vázquez y Marcelo.

Sin embargo, tan útil en la Liga, donde está resultando decisivo para desatascar partidos, la presencia de Isco en la Champions, hasta ahora, ha sido testimonial: «No hay una explicación de por qué ha jugado tan poco», decía ayer Zidane. «Es por las rotaciones, casualidad. Cuando ves la estadística es fuerte para él. 77 minutos son pocos, es verdad. Pero bueno, tenemos muchos partidos importantes y vamos a ver lo que sucede contra el Bayern». Sólo Mariano, con cinco, ha disputado menos minutos que Isco. El andaluz fue titular en el penúltimo partido de la fase de grupos en Lisboa, cuando el Madrid necesitaba la victoria contra el Sporting: disputó 67 minutos y jugó los diez últimos del choque de vuelta en Nápoles, cuando los dos goles anteriores de Ramos ya habían decidido la eliminatoria.

Hoy, si Zidane apuesta por él, le toca jugar, por fin, en Champions, un partido clave.

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