Juncker marca el rumbo al eje franco-alemán

Juncker volverá a ser Juncker. Hace un año, el discurso del presidente de la Comisión Europea estuvo marcado por la ausencia de propuestas audaces o, al menos, con una mínima visión de futuro. El Brexit, el fracaso en la gestión de la crisis de refugiados, un motor franco-alemán a ralentí, el auge de los populismos y una dura campaña para forzar su dimisión recomendaban prudencia. En su cita de hoy, su tradicional discurso del estado de la Unión ante el Pleno de la Eurocámara de Estrasburgo supondrá no sólo el pistoletazo de salida del curso político, sino también el momento de desvelar las claves que configurarán la segunda mitad de su mandato cuando faltan apenas dos años para que termine.

Teniendo en cuenta que ya ha anunciado sus intenciones de no ser reelegido, el discurso de hoy de Jean-Claude Juncker adquiere tintes de epitafio político.

A pesar de la incógnita Trump, algunos de los temores del año anterior parecen conjurados tras el varapalo sufrido en las urnas por parte de los antieuropeos en Países Bajos y Francia. A la espera de que la canciller alemana, Angela Merkel, consiga revalidar su cargo en las elecciones federales del 24 de septiembre y la entente franco-alemana vuelva a funcionar a pleno rendimiento, Juncker quiere aprovechar los «brotes verdes» proeuropeístas para marcar el rumbo de las aguas que después deberán surcar París y Berlín. «Vemos el caos en Reino Unido por el Brexit, lo que pasa en Estados Unidos con Trump… Quizás no haya entusiasmo por el proyecto europeo, pero sí una sensación de seguridad», reconoce una alta fuente europea.

El presidente del Ejecutivo comunitario aprovechará el ancla de estabilidad que muchos ciudadanos siguen viendo en la UE para dar un paso al frente y hacer una apuesta decidida por mayores mecanismos de supervisión económica para la zona euro. Merkel y Emmanuel Macron parecen de acuerdo en algunas cosas: un superministro de Finanzas y un presupuesto propio para la zona euro a cambio de reformas. Bruselas quiere ir más allá y apuesta por un Fondo Monetario Europeo, aunque teme que esta iniciativa acabe secuestrada por un marcado carácter intergubernamental en el que la capital comunitaria tenga poco que decir. Sobre los eurobonos, Bruselas ya ha propuesto una iniciativa «light» en la que prácticamente no se compartan riesgos.

En otros frentes, se espera que el político luxemburgués siga defendiendo pasos hacia una política de defensa común, la reforma de la Convención de Dublín para hacer frente a las crisis de refugiados y la aceleración de los procesos de retorno en el caso de los inmigrantes irregulares y la apertura de nuevos acuerdos comerciales a la vez que se apuesta por mecanismos de protección. Dentro del moderado optimismo del inicio de curso, dos grandes piedras en el zapato: el Brexit y la deriva autoritaria de los países del Este. Polonia podría convertirse en el primer país al que Bruselas amenaza con suspender sus derechos de voto en el Consejo.

Source: NGT Internacional

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