La cúpula trabajará para que haya una lista única al Congreso

La sucesión de Mariano Rajoy no se mirará en el modelo de José María Aznar. Pero aunque no se decida en el despacho del todavía presidente nacional, la «plana mayor» del PP abandonó ayer Génova con el peso de saber que se la juegan en conseguir que el congreso extraordinario que elegirá a su nuevo líder sea un cónclave de unidad. El PP no es un partido con cultura de primarias y tanto la dirección como los posibles protagonistas del proceso intentarán evitar que las bases tengan que elegir entre varias listas. De haber dos candidatos, «como sea» se fraguará un acuerdo previo para llegar al Congreso con una alternativa única. Ya hay tensiones y si hay dos «delfines» es inevitable que vayan a más, pero la dirección y los líderes territoriales coinciden en que «todo lo que sea división sólo engorda a Ciudadanos». Hablan de julio como fecha del congreso, pero si hubiera división hay quien apunta que debería retrasarse a septiembre. Hasta que el próximo lunes lo convoque la Junta Directiva no habrá movimientos de entidad. Es decir, será entonces cuando el aspirante o los aspirantes comenzarán a tantear el terreno en búsqueda de apoyos.

La alineación territorial no se puede anticipar con un reparto autonómico preventivo porque dependerá de quiénes pujen y del juego de alianzas que puedan intuirse.

La visión pre-congresual que tienen en el PP señala al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, como el posible sucesor natural, muy bien colocado. Quienes le han preguntado sobre sus intenciones aseguran que no ha dicho ni «sí» ni «no», pero ya es bastante que en estos últimos días no haya negado que vaya a intentarlo.

Las miradas están también puestas en la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. No tiene oficialmente implantación territorial orgánica, como sí cuentan con ella Feijóo o la secretaria general, María Dolores de Cospedal, presidenta del PP de Castilla-La Mancha. Pero Sáenz de Santamaría suma a su favor que, pese a haber estado en los dos gobiernos de Mariano Rajoy, sigue siendo vista como posible representante de una nueva etapa, sin la carga que le colocan a Cospedal por haber gestionado la defensa del partido ante los casos de corrupción a los que se ha enfrentado. Con los que ella, justo es reconocerlo, no tenía nada que ver.

Aunque lo intente y movilice sus terminales, Cospedal juega en desventaja interna con respecto a Feijóo y a Sáenz de Santamaría. Fuera del microcosmos de Madrid lo que quieren es un «cartel ilusionante» y los «cuadros» territoriales creen que el tándem Feijóo-Sáenz de Santamaría, o a la inversa, es mucho más ilusionante que el que podría representar Cospedal.

Del lado de la secretaria general, además de su feudo manchego, estarían Asturias y Madrid. Pero esta última organización regional pasa un momento tan delicado que ha perdido mucha fuerza interna. Desde el entorno de la «número dos» del PP señalan que aunque no tengan de su lado a otras comunidades, sí lo están muchos presidentes provinciales. Puede ser, pero también que éstos se moverán siempre al final del lado que marquen los líderes regionales. La sucesión la van a decidir Andalucía, Madrid, Valencia y Galicia. Andalucía estará siempre con Feijóo o con la ex vicepresidenta. Y Valencia, también en horas débiles, se moverá según dónde se incline la mayoría. La carrera empezará la próxima semana sobre estas reglas de juego y para entonces los posibles participantes habrán empezado ya a medir sus fuerzas. A día de hoy cualquier otro nombre fuera de estos tres es visto en el PP como una apuesta exótica, aunque dé vida al debate mediático. Ahora bien, después de la precipitación de acontecimientos de estos últimos días, decir que en política todo puede cambiar de un momento para otro es menos arriesgado que nunca.

Por cierto, de tener que elegir entre Feijóo y Sáenz de Santamaría, no hay ninguna duda de que la secretaria general moverá todos sus «peones» del lado del dirigente gallego. En cuanto a la oferta salvadora de Aznar, hoy ya no tiene capacidad de influir ni de desestabilizar el debate interno.

Source: NGT

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