La dictadura cubana se viste de seda

En las calles de la vieja Habana nada cambia. El tiempo parece detenido. El afilador de cuchillos, los niños que marchan de uniforme al colegio, los abuelos que juegan al dominó en la vereda, el trovador que ofrece sus servicios por un trago de ron… Sin los Castro en el trono lo único que cambian son los adjetivos. Raúl sigue gobernando en la sombra. Fidel vive en el corazón de los barbudos. Ahora llega una Constitución renovada que recoge tímidas reformas aunque modifique nada menos que 113 artículos, añada 87 y elimine once de la anterior. Al final la Carta Magna sigue siendo la misma porque la realidad es la de siempre: en Cuba rige y regirá una dictadura.

Los diputados aprobaron el anteproyecto en julio y desde hoy y hasta el 15 de noviembre será sometido a consulta popular en los diferentes barrios y consejos del país. Después será validado, nadie lo duda, por un referéndum que rubricará a final de año la legitimidad que ansía el régimen para perpetuarse en el poder.

El nuevo texto está muy medido y no deja cabos sueltos, pese al simbolismo de algunos de los cambios, como la eliminación de un concepto que es sinónimo de la revolución castrista: comunismo. El nuevo texto eliminaría el objetivo del «avance hacia la sociedad comunista», aunque detalla que el socialismo sigue siendo política de Estado. Además se incluye la aceptación de un sector privado o «cuentapropista» complementario para la economía. Sin embargo, señala que la empresa estatal seguirá siendo el centro de la economía cubana. Actualmente, el trabajo privado «por cuenta propia» representa a 591.000 personas y al 13% de la economía del país. Manuel, que regenta una de las barberías más afamadas de La Habana, dice que «no lo entiendo, porque los cuentapropistas existimos desde el 2008 gracias a las primeras reformas de Raúl».

El analista cubano Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas-Rio Grande Valley, asegura: «El reconocimiento a la propiedad privada es una apertura a la inversión extranjera pero fundamentalmente es una apertura ideológica en lo interno. Piensa la economía cubana como mixta, con posibles integraciones de los diferentes sectores estatal y privado». Todo ello, sin renunciar a la «capacidad regulatoria de control del Estado», detalla.

Por otro lado, la nueva Constitución limita a 60 años la edad máxima para optar a la presidencia, y especifica que el mandato presidencial es de cinco años, con derecho a una reelección inmediata. Esto no genera una democracia real, sino que más bien alimenta luchas internas por el poder. Los antecesores de Díaz-Canel (58 años), Fidel y Raúl Castro, dejaron el mando ya octogenarios. De esta manera, al menos en teoría, habría alternancia, pero mientras se permita votar al presidente de forma directa, el régimen de los Castro perdurará por años.

Las claves

– Adiós al término comunismo, pero el PC será el único partido oficial.

– Reconoce la propiedad privada, que ya se instauró en 2008, pero controlada por el Estado.

– Límite de dos mandatos, para el presidente, pero designado por el partido.

РMatrimonio homosexual, un empe̱o de Mariela Castro, hija de Ra̼l.

Source: NGT Internacional

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