Lo que queda de Catalu√Īa

La invenci√≥n de Tabarnia es algo m√°s que una broma, aunque lo m√°s serio de la cuesti√≥n reside precisamente en su car√°cter humor√≠stico. Como se sabe de sobra, Tabarnia ser√≠a la nueva Comunidad Aut√≥noma desgajada de la de Catalu√Īa siguiendo un tr√°mite previsto en la Constituci√≥n, derivado del llamado ¬ęderecho a la autonom√≠a¬Ľ, en sus art√≠culos 143 y 144.

En s√≠, Tabarnia ser√≠a una realidad apenas muy poco m√°s impertinente que la invenci√≥n de las Comunidades Aut√≥nomas que se realiz√≥ despu√©s de la promulgaci√≥n de la Constituci√≥n, cuando surgieron las Comunidades de Cantabria, La Rioja, Murcia o Madrid, o cuando Guadalajara qued√≥ colocada en esa unidad nueva que se llam√≥ Castilla-La Mancha, o Le√≥n qued√≥ adscrito como ap√©ndice a la otra Castilla. Se recordar√° que todo aquello, consagrado ya por los usos y la historia, se debe en buena medida al intento de tranquilizar a los nacionalistas, en particular a los catalanes, que no se sent√≠an a gusto con la idea de tener por vecino a una unidad administrativa y pol√≠tica como Espa√Īa, sin reequilibrios internos. Nunca en el siglo XX la pol√≠tica espa√Īola dej√≥ de gravitar en torno de la ¬ęcomodidad¬Ľ de los nacionalistas…

Como se ha dicho, Tabarnia refuta al nacionalismo en sus propios t√©rminos. Si la naci√≥n depende de la voluntad de sus habitantes, no hay por qu√© dudar de la legitimidad de la aspiraci√≥n tabarnesa: la mayor√≠a se impone, en este caso como en otros muchos. Y al contrario, si la naci√≥n es sobre todo cuesti√≥n de identidad y de historia, bastar√°n unos pocos a√Īos para que Tabarnia se dote de una identidad cultural a la medida: por ejemplo, el biling√ľismo catalano-castellano. Entre otras muchas cosas, los tabarneses ya han empezado a reivindicar el mito de la Barcelona abierta y cosmopolita y a remitir al nacionalismo catal√°n a sus ra√≠ces, es decir a la tierra y a los antepasados. Ah√≠ est√° el legado carlista, antimoderno y ultramontano, que justifica el nuevo nombre de lo que queda de Catalu√Īa, una vez restada Tabarnia: Catetonia.

Es aqu√≠ donde las cosas se ponen un poco m√°s serias. Catetonia, efectivamente, apunta a un descr√©dito de lo catal√°n en la Espa√Īa actual y futura. El hecho corre el riesgo de ser definitivo, porque si de algo no se vuelve indemne es del rid√≠culo, como bien avis√≥ alg√ļn prohombre nacionalista. El ¬ęproc√©s¬Ľ (o ¬ęprus√©s¬Ľ, como se suele decir) ha acabado con esa creencia, que lindaba con lo supersticioso, en la superioridad de Catalu√Īa, sus h√°bitos, su sensatez, su modernidad. La ocurrencia de Catetonia indica tambi√©n que la empresa de demoliciones ‚Äďresponsabilidad de los nacionalistas, conviene recordarlo‚Äď apunta m√°s lejos. Por primera vez se pone en duda la idea de una cultura catalana propia, m√°s all√° de las costumbres y los usos que la distinguen, como distinguen cualquier otro territorio de Espa√Īa. No es que lo catal√°n no sea respetable. Es que no alcanza ese umbral cr√≠tico que permite hablar de una ¬ęcultura¬Ľ propia, siquiera sea nacional, como no lo hacen otras formas de vida incluidas en la cultura espa√Īola y a las que esta da sentido. Esta nueva forma de entender la realidad catalana tardar√° tiempo en consolidarse porque rompe demasiados intereses y demasiados tab√ļes. Ya est√° en marcha, sin embargo, y a partir de ahora es de suponer que ir√° cobrando fuerza. De nuevo quedan demostrados los estrictos l√≠mites que las pol√≠ticas de identidad tienen en las naciones europeas, una combinaci√≥n ‚Äďla del concepto de naci√≥n y el concepto de Europa‚Äď irreconciliable con las pol√≠ticas de identidad, que son una de las reencarnaciones (post)modernas del nacionalismo.

De paso ‚Äďy esto es a√ļn m√°s relevante‚Äď empieza a quedar atr√°s una cierta idea de Espa√Īa, la misma que hac√≠a de la antigua Catalu√Īa un ejemplo de construcci√≥n nacional para una Espa√Īa invertebrada, seg√ļn la c√©lebre met√°fora, nacionalista en su ra√≠z y en su significado, de Ortega. Las dos ideas, que est√°n en el fondo del t√≥pico de la Catalu√Īa avanzada y la Espa√Īa atrasada y al borde siempre del subdesarrollo, han ido juntas. Se necesitan la una a la obra. Ortega fue el primero en proponer una organizaci√≥n ¬ęauton√≥mica¬Ľ del Estado espa√Īol en su serie de art√≠culos titulada ¬ęLa redenci√≥n de las provincias¬Ľ. En este caso, se trataba de encajar en una Espa√Īa nueva a todos los que hab√≠an hecho de su incomodidad con lo espa√Īol un motivo pol√≠tico, vital y est√©tico.

Pues bien, Tabarnia y Catetonia indican, m√°s all√° de lo que queda de Catalu√Īa, lo que queda de esa idea de Espa√Īa basada en una consideraci√≥n sistem√°ticamente negativa de la historia, la tradici√≥n y la pol√≠tica propias. En contra de lo que siempre se hab√≠a dado por supuesto, parece que hay mucha gente que quiere ser y seguir siendo espa√Īola. Y que no hace distingos entre los buenos y los malos espa√Īoles porque piensa en Espa√Īa como un todo, sin necesidad de andar discriminando lo que es y no es espa√Īol seg√ļn las preferencias ideol√≥gicas y est√©ticas ‚Äďsobre todo est√©ticas‚Äď dictadas en su d√≠a por unos √°rbitros del gusto que nos dec√≠an lo que era y lo que no era Espa√Īa. Por fin empezamos a librarnos de lo que queda de la Espa√Īa negra que lleva un siglo pesando como una losa ‚Äďcomo un chantaje, mejor dicho‚Äď sobre lo espa√Īol.

Source: NGT

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