Los hijos de Maduro se alojan 18 días en el Ritz en plena ola de represión

Yoswal Gavidia Flores y Walter Gavidia Flores, hijastros del presidente venezolano, Nicolás Maduro, permanecieron alojados durante 18 días en el hotel Ritz de Madrid, un establecimiento de cinco estrellas catalogado como uno de los más lujosos de la capital de España. Según ha podido confirmar LA RAZÓN, los dos hermanos –hijos de un anterior matrimonio de la actual primera dama venezolana, Cilia Flores– se hospedaron junto a varios miembros de su familia en una suite entre los días 4 y 22 de julio, y contaron durante todo ese tiempo con la protección de un numeroso equipo de seguridad. Mientras su país sufre una crisis política y social sin precedentes, con una inflación que alcanzará este año al menos el 700%, sin medicinas ni alimentos en hospitales y supermercados, con muchas familias viviendo de las raciones que dispensa el Gobierno, Yoswal y Walter Gavidia se gastaron miles de euros sólo en los gastos de alojamiento.

Repasando los precios de las suites del Ritz durante los días de su estancia en Madrid, se constata que la más barata costaba 517 euros la noche sin desayuno, que supone 35 euros adicionales. En el caso de que sólo hubiesen ocupado una habitación, las 18 noches habrían sumado por tanto 9.306 euros. El precio de otra de las suites disponibles, que no la más cara, ascendía a 1.248 euros, por lo que se podrían haber gastado 22.473 euros con, esta vez sí, desayuno incluido. Todo sin contar el dinero que implicaría su escolta, aunque no corriera a su cargo. A ello habría que sumar los gastos añadidos de esas casi tres semanas en la ciudad, donde fuentes conocedoras de su periplo madrileño aseguran que alquilaron una furgoneta con chófer cuyo coste asciende a 1.200 euros diarios. Es decir, otros 21.600 euros más.

En total, entre 30.906 y 44.073 euros, una cifra disparatada para cualquier trabajador venezolano hoy en día en su país, donde el sueldo mínimo está en torno a los 250.531 bolívares mensuales, unos 21,87 euros al cambio actual. Eso supondría que los hijos de Cilia Flores y sus familias gastaron, según los cálculos anteriores, entre 353 y 504 millones de bolívares. Eso supone el sueldo mínimo de entre 1.427 y 2.014 venezolanos gastados en una estancia de 18 días en el hotel. La ONG Cáritas habla de «emergencia humanitaria» en Venezuela, dando datos como que el 11,4% de los niños menores de 5 años sufre malnutrición aguda o moderada y con el precio de la cesta de la compra básica costando 16 veces el salario mínimo, el 60% reconoce que algún miembro de la familia se queda sin comida para dársela al resto. Y es que una de cada 12 familias se alimenta de restos de la calle o de los desechos de los restaurantes.

Los hermanos Flores también han sido vistos en los mejores restaurantes madrileños y en las tiendas de lujo más cotizadas, especialmente las de la calle Serrano y adyacentes, donde se ubican las más caras marcas de moda y joyería. Un tren de vida al que están acostumbrados desde hace años los dos hermanos, que pasan muchos meses fuera de Venezuela y acostumbran a viajar en vuelos privados. Estos continuos viajes, además, han levantado las sospechas de diversos servicios de Inteligencia extranjeros, especialmente los de EE UU, que investigan al entorno de Maduro por sus posibles vínculos con el narco. Significativo fue el itinerario de Walter por EE UU en 2016, que le llevó durante 49 días por varias ciudades del país.

Su alto nivel de vida comenzó cuando Maduro alcanzó la presidencia del país. El líder chavista siempre ha reconocido en público y en privado su amor por ellos, pese a nos ser sus hijos. Los considera como tales, y parece incapaz de negarles nada. Todo este entramado familiar no se entendería sin la poderosa personalidad de la matriarca del clan. Cilia Flores. Muchos dentro del chavismo reconocen que ella es la que realmente ostenta el poder, que es el cerebro de las operaciones políticas y los pasos que toma el mandatario. De puertas para adentro, en el ambiente familiar, su dictado es aún mucho más dominante, dicen las fuentes. Maduro no la describe como «primera dama» –es algo demasiado anglosajón y conlleva las inevitables asociaciones con Washington–, sino con una retórica y una terminología mucho más chavista y revolucionaria: «La primera combatiente».

Cuando Maduro accedió al poder la pareja no había pasado por el altar. Ante las críticas porque el jefe del Estado no posee la nacionalidad venezolana, un requisito primordial para ser presidente según estipulan las leyes del país, Cilia y Nicolás dieron el paso un lunes, en una boda «familiar». Cilia se crió en los barrios pobres de Caracas, pero tras graduarse en Derecho tuvo la suerte de entrar en el equipo de defensa legal del fallecido presidente Chávez para defenderle cuando entró en la cárcel después del fallido golpe de Estado que lideró en 1992. Ahí conoció a Maduro. Aunque en un primer momento se declaraba «abstencionista», desde 1993 comenzó a militar oficialmente en el bolivarianismo y siguió a Chávez en su PSUV.

Como mujer apegada al más alto dirigente del país ha marcado algunos hitos: ha sido la primera diputada que ha presidido la Asamblea Nacional y ha sido fiscal general. Aunque nunca ha estado exenta de polémica, en demasiadas ocasiones ha sido acusada principalmente de nepotismo por contratar a personas no aptas para altos cargos, entre ellas muchos familiares y amigos. En las pocas veces que ha concedido entrevistas personales, Flores ha explicado que se separó de su primer marido porque éste le fue infiel, Walter Gavidia es una gran persona, «pero muy mujeriego», ha repetido.

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