Los soberanistas buscan negociar con Domènech

ERC y Catalunya en Comú-Podem se han reunido hoy para abordar la Presidencia de la Mesa del Parlament que se constituye la próxima semana, así como la investidura a la Presidencia de la Generalitat, entre otras cuestiones, en el marco de los múltiples contactos entre los partidos.

Hacia el mediodía, ERC y los “comunes” se han reunido fuera de la cámara catalana con la incertidumbre de quién será el candidato de las fuerzas independentistas para presidir la Mesa del Parlament, ya que Carme Forcadell no ha desvelado todavía si optará a la reelección y, en caso contrario, el partido republicano tendría que proponer a otro nombre.

También está en el aire el reparto entre los partidos de los siete miembros de la Mesa, ya que atendiendo a la proporcionalidad de los resultados electorales, a Ciudadanos, Junts per Catalunya y ERC les corresponderían dos miembros y al PSC uno, por lo que los “comunes” podrían quedarse sin representación.

Esta ha sido la primera de las reuniones que los “comunes” tienen previsto celebrar hoy, ya que posteriormente se reunirán con el PSC y, a primera hora de la tarde, con Ciudadanos.

La formación naranja intentará recabar el apoyo de los “comunes” a su candidato para presidir la Mesa del Parlament, José María Espejo-Saavedra, aunque la candidatura de Xavier Domènech ya anunció que no apoyarían a Ciudadanos, ni en este caso ni para la Presidencia de la Generalitat.

Previamente a estos primeros contactos entre los partidos, un núcleo reducido del grupo de Junts per Catalunya se ha reunido en la cámara catalana, con los exconsellers cesados Jordi Turull y Josep Rull al frente, y los otros diputados electos Eduard Pujol y Elsa Artadi.

Una vez se concrete el nombre al frente de la Presidencia del Parlament, JxCat confía en cerrar esta semana la composición de la Mesa, para la que ve imprescindible que cuatro de los siete miembros sean independentistas: dos de JxCat -para uno de ellos se perfila Lluís Guinó- y dos de ERC -uno en la Presidencia-.

Todo ello, con el fin de asegurarse una mayoría independentista de la Mesa que pueda hacer una interpretación del reglamento del Parlament favorable a una hipotética investidura a distancia o telemática.

También han mantenido una reunión “técnica” los nuevos cargos electos de ERC, en la que la diputada Alba Vergès les ha informado sobre el funcionamiento de la cámara catalana, mientras que los ocho diputados de los “comunes” han celebrado su primera reunión previa a la constitución del Parlament, y se han hecho una primera fotografía en la escalinata de la Cámara catalana. EFE

Y es que, a ocho días de la constitución del Parlament de Cataluña no hay pacto para formar una Mesa y, ni mucho menos, para investir un president. En esta pasada semana, a lo único que ha sido capaz de llegar el independentismo es a fijar dos objetivos obvios: reinstaurar el Gobierno legítimo y controlar la Mesa de la Cámara catalana. Esto es el máximo consenso que han sido capaces de alcanzar Puigdemont y las delegaciones de ERC y la CUP en sendas reuniones celebradas en Bruselas.

Carles Puigdemont sigue empecinado en su estrategia de «todo o nada». «Ahora toca aguantar», dicen sus adeptos mientras que ERC afirma que «existe el deber de concretar propuestas» y «de abrir todas las vías». Estas afirmaciones realizadas por el portavoz republicano, Sergi Sabrià, son el termómetro del malestar de los republicanos por lo que califican «chantaje» de Puigdemont.

Si no se avienen a sus planteamientos para la Mesa, Puigdemont amaga con bloquear la constitución de la Cámara prevista para el 17 de enero. Si esta fórmula progresa, se puede repetir al menos en dos ocasiones más. Si el independentismo fracasa en su aspiración de controlar la Mesa o si Puigdemont no consigue ser investido, el fantasma de las elecciones coge forma.

«No existe plan B», repiten hasta la saciedad desde Junts per Catalunya apuntando que sólo hay una alternativa: «O Puigdemont, o elecciones». El primer examen será la constitución de la Mesa. Puigdemont propone a Carme Forcadell. Los republicanos a Carles Mundó, porque Forcadell no se ha mostrado muy interesada. Para conseguir la mayoría que les garantice el control de las sesiones del Parlament serán necesarios 66 diputados independentistas. Hoy por hoy sólo tienen 62, cuatro menos de los necesarios para imponerse a los no independentistas, que suman 65. Por tanto, los cuatro ex consejeros que residen en Bruselas están siendo sondeados para que dejen su escaño y corra la lista. Clara Ponsatí, Toni Comín, Lluís Puig y Meritxell Serret quieren contrapartidas. Que se les proporcionen medios de subsistencia y que se corran con los gastos de la defensa. Todo por un tiempo indeterminado.

Algunas fuentes consultadas afirman que no todos los ex consejeros están en la misma posición y no se muestran dispuestos a quedarse indefinidamente en Bruselas, dejando de ser diputados. Sin embargo, esta solución se antoja necesaria porque en caso de que no se mueva pieza desde Bruselas el independentismo está en minoría. Incluso si el Supremo dejara ir a votar a los tres que permanecen en prisión provisional –Oriol Junqueras, Jordi Sánchez y Joaquím Forn–, sólo podrían sumar 65. Los mismos que Ciudadanos, PP, PSC y Comunes. Ante este galimatías, esta semana cogerá fuerza la solución Colau. Es decir, que el bloque independentista entable negociaciones con los Comunes liderados por Xavi Domènech.

Si el bloque independentista quiere prescindir de sus diputados en Bruselas y mantener su actual estatus, Domènech podría darles esa ansiada mayoría. ERC se plantea esta negociación y en este contexto hay que leer sus manifestaciones en los últimos días. Los Comunes están a la espera, pero todo apunta que no se conformarán sólo con un puesto testimonial en la Mesa. Algunas fuentes apuntan que pedirán la presidencia a cambio de su apoyo. Si esto se materializa o Junts per Catalunya o ERC deberán cederles un puesto, que significaría además la pérdida del control de la Mesa por parte de los independentistas.

Puigdemont no ve con buenos ojos esta negociación porque los Comunes han reiterado su negativa a investirlo, aunque hasta el momento no han dicho lo mismo sobre una posible investidura de Junqueras. Por eso, sus círculos más cercanos hablan de boicotear la constitución del Parlament el día 17 bajo la égida de «no asistir todos los diputados contrarios al 155, exigiendo su retirada inmediata». Si esta situación se produjera la posibilidad de acabar de nuevo en elecciones sería más que posible. Puigdemont no acepta ni perder la Mesa ni no ser investido él mismo como president. De hecho, se está planteando hacer el discurso de investidura por plasma, algo que no es del agrado de ERC, que sigue optando por Oriol Junqueras.

El día 20, el presidente de ERC declarará ante el juez Llarena, que podría dejarlo en libertad. Antes, el día 11, lo harán Jordi Sánchez y Joaquim Forn. Y por si fuera poco, el lunes 15, el TSJC hará pública la sentencia del «caso Palau» sobre financiación irregular de Convergència Democràtica. Según el alcance de la sentencia, la situación puede dar un vuelco. El partido postconvergente puede tener que afrontar una sentencia muy dura con sus arcas y para sus dirigentes como Mas, y dejará tocados a otros como Josep Rull o Jordi Turull, que la defensa del partido preparó para declarar en el juicio aunque al final se batieron en retirada ante las confesiones de los depredadores Millet y Montull. El partido no está sobrado de dinero: lo de Bruselas ha disparado los gastos. Puigdemont aprieta las tuercas al PDeCAT, pero es el partido el propietario de las subvenciones electorales, no el ex president.

Source: NGT

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