Maite Pagazaurtundua: «No hay que entrar en el juego del PNV de reformar el Estatuto»

La información que acabe con mi vida puede salir del mismo ayuntamiento. Cada día veo más cerca mi fin a manos de ETA». Han pasado 15 años desde que el sargento de la Policía municipal de Andaoin, Joseba Pagazaurtundua, vaticinara su asesinato en el bar Daytona, mientras tomaba café. Un crimen largamente anunciado en sus cartas manuscritas que, como un rompecabezas, su hermana Maite ha conseguido reconstruir.

–¿Cuándo descubrió sus cartas?

–Pocos días después, pero no descubrimos todo a la vez. Mi cuñada vino a casa con una bolsa con notas manuscritas, algunas de ellas rotas. Fue en los veranos cuando intenté recomponerlas como un puzzle y las guardé en carpetas. En navidades nos asomamos más a ellas y ahí la sorpresa fue descubrir cartas inéditas que podrían haber sido escritas ahora mismo, otras que hablaban de su compromiso personal y otras que, 15 años después, siguen siendo cosas pendientes en el País Vasco.

–¿Alguna vez había confesado su miedo?

–No. Él tenía esa intuición y seguramente, aunque no lo supiera, se cruzó antes con sus asesinos. Le había dicho a mi madre algo unos días antes y ella había tenido unos sueños extraños. Lo importante es que fue capaz de anteponer el sentido del deber por encima del miedo.

–¿Qué piensa con el paso del tiempo?

–Lo más llamativo es la parte humana, con un sentido democrático y de libertad extraordinario. Hay una carta que escribe a Ibarrola y otra días después de una conferencia de paz donde ni se mencionó a ETA. No tenía eufemismos y por eso algunas pueden responder hoy a otros.

–¿Es como un mensaje 15 años después?

–Sí, es como si él nos hubiera mandado un telegrama desde el cielo. Porque ahora nos estamos enfrentando al mismo tipo de blanqueamiento del terrorismo al que él se refería en 2001.

–¿Le preocupa la reforma del estatuto que propone ahora el PNV?

–Muchísimo, para nada hay que entrar en ese juego, creo yo.

–¿Cree que el PNV seguirá la senda del independentismo catalán?

–El PNV seguirá su senda, la de sus intereses inmediatos y a largo plazo. Son gestores del negocio político con extrema inteligencia. ¿Quieren irse de España? Según, ahora no. Pero depende del momento y la oportunidad…

–Cuando oye que los líderes del «procés» son presos políticos, ¿ve algún paralelismo entre la sociedad vasca y la catalana?

–No, en España no hay presos políticos, porque son aquellos perseguidos por sus ideas y eso ocurre en sociedades que no son democráticas.

–En Cataluña hay división y fractura. ¿En el País Vasco se respira aún dolor?

–El País Vasco necesitaba poder respirar porque el miedo, el gran rasgo de la sociedad vasca, o el fanatismo dejan latentes muchos conflictos. Al final el nacionalismo hegemónico ha hecho que varias cosas que para ellos son fundamentales nadie pueda discutirlas y eso lastra la dialéctica electoral y de las ideas. Hay una batalla que dar.

–¿Puede volver la ideología totalitaria de ETA a generaciones próximas?

–Ahora son menos los jóvenes expuestos a ese tipo de adoctrinamiento tan feroz pero sí que hay bastantes que ven como héroes a quienes han asesinado y eso siempre es un peligro. Trabajar bien sobre la deslegitimación de la historia de ETA es muy importante.

¿Cree que el adoctrinamiento en las escuelas ya no existe?

–No lo podría asegurar. El observatorio de víctimas Covite suele fijarse cuando hay grupos de vascos que hacen homenajes a terroristas muertos… Pero no diría que es algo general en el sistema educativo del País Vasco. Pasaba en el ambiente. El mundo de ETA controlaba la atmósfera pública. Cuando hablamos de radicalización en las aulas no es igual que en Cataluña. Hay jóvenes radicalizados, pero menos que antes. Siguen las «txoznas» con presos, sigue habiendo recibimientos, aunque menos que antes. Pero sigue siendo necesario actuar contra todo esto.

–¿Ha vuelto a entrar en el bar donde asesinaron a su hermano?

–Nunca he entrado en ese bar.

–¿Se lo ha planteado?

–He reflexionado sobre ello. Por una parte, para cada uno de nosotros, el espíritu de esa crueldad y de esos disparos están ahí. Por otra, para las personas que van a ese bar hay otra circunstancia vital. Si yo entrase estaría llevándoles el eco de los disparos y no me parecería correcto. Así que cuando he ido me he quedado fuera.

–¿Cómo es Andoain 15 años después?

–Más tranquilo. La atmósfera de miedo se ha disipado en parte, pero fue un verdadero ecosistema del terror. Los actos de terrorismo callejero eran absolutamente agudos y creo que ninguno de los concejales constitucionalistas se libró de que le quemaran el coche. Esa acumulación de miedo y odio, de visión neurótica nacionalista, aún se nota. Además, siguen gobernando los herederos de ETA.

–Si le preguntan por qué fue asesinado su hermano ¿qué diría?

–Fue asesinado porque era libre, porque no se callaba y porque sabía que había que dar la batalla por la ley, por el Estado de Derecho, por nuestra nación.

–Se habla poco de ETA en la agenda política. ¿Eso es bueno o malo?

–Tiene una parte buena y otra mala. La buena es que hemos alcanzado la tranquilidad, y el país tiene otras prioridades, y la mala que hay todavía una parte por resolver en el País Vasco. Dejaron de matar, pero no han dejado de justificar de manera ilegítima la historia; y eso es un problema a medio plazo. Y hay que desmontarlo y poner tiempo, esfuerzos y un trabajo importante de historiadores y gente seria. Por eso, siempre que tengo la oportunidad pido recursos para el Centro Memorial de Víctimas.

–ETA ha desaparecido, pero ¿ha habido un punto y final?

–No, y tenemos que alertar a quienes están muy ocupados en otras muchas cosas y no pueden seguir el día a día de lo que pasa en el País Vasco: el final de ETA no puede ser un circo. No se puede consentir un teatro como el del desarme de Bayona.

–¿Cree que los españoles nos hemos olvidado de que en el País Vasco, hasta hace no tantos años, se asesinaba por defender unas ideas?

–Hay millones de españoles que están muy sensibilizados con todo lo que ha pasado. Los niños y los jóvenes sí que necesitan saber, y que se les cuente la verdad de la historia.

–¿Se está olvidando a las víctimas?

–Hay una cosa fundamental que es la justicia. Ahí no tenemos que olvidar y quienes tienen que llevarlo adelante son los poderes del Estado. El nivel de impunidad que se acumula es muy alto. Los asesinatos fueron la punta del iceberg y nosotros presentaremos en el homenaje a Joseba una crónica de lo que era todo lo demás; porque se ha aterrorizado más que asesinado. Porque ahora quieren deslegitimar lo que ha ocurrido.

–En Europa está habiendo un auge del nacionalismo ultra. ¿Qué está pasando?

–Pues que el nacional populismo de vez en cuando despierta en Europa. Como decía Mitterrand es horroroso y nos trajo las peores contiendas del siglo XX y las formas de exterminio que conocimos entonces. Tenemos que aprender de eso y dar en toda Europa una batalla de ideas democrática.

–Ha sido elegida miembro de la nueva comisión europea contra el terrorismo. ¿Cuántas batallas quedan por dar en esa comisión?

–La comisión es nueva. Hemos analizado en este periodo muchas normativas, como la directiva contra el terrorista, que tiene un capítulo sobre víctimas del terrorismo que era necesario porque muchos países de Europa no tienen la experiencia de España, Francia o Italia y no se sabe muy bien cómo tienen que funcionar los protocolos de asistencia inmediata. Hemos aprendido de nuestros errores y experiencias y los diputados españoles hemos contribuido mucho para que esto mejore.

–¿Cómo está la clase política ahora en nuestro país?

–No soy muy objetiva. Cuando miramos atrás siempre tendemos a pensar que los tiempos pasados tuvieron gente extraordinaria, a lo mejor porque lo vemos con cierta distancia y las chapuzas no las vemos tanto. Me da pena que vivamos tanto del imperio de la inmediatez y de cierto pim, pam, pum sin argumentos. Necesitamos pactos y consensos en educación, política antiterrorista, cultura…

–¿Y la sociedad vasca?

–Ahora respira aliviada y espero que esa respiración sirva para coger el impulso de mirar el pasado, que es impepinable, de una sociedad que ha vivido el miedo y el fanatismo. Entiendo el método del alivio. Desde el punto de vista político, la hegemonía del nacionalismo no es sana.

Source: NGT

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