Ocupación alemana y antisemitismo

Irena Sendler, el ángel de Gueto de Varsovia, una enfermera polaca que salvó a unos 2.500 niños judíos del exterminio, comentó que era «más fácil esconder un tanque bajo la alfombra que a un niño judío en casa». «Jolanta», nombre clave con el que esta heroína militó en el Consejo para la Ayuda de Judíos, aseguraba que sacar a los niños de gueto era más fácil que conseguir que los cristianos polacos los acogieran y evitar que sus vecinos los denunciaran, como, al fin, le ocurrió a ella, que fue detenida, torturada y condenada a muerte, salvando la vida en una fuga afortunada.

Debe reconocerse que para Polonia es muy incómodo escuchar o leer a diario la expresión «campos de concentración o campos de exterminio polacos» y, desde luego, es tan injusto como históricamente inexacto que Polonia fuera responsable del Holocausto. En Polonia vivían antes de la invasión nazi del 1 de septiembre de 1939 unos tres millones y medio de judíos, de los que fueron víctimas del antisemitismo unos tres millones. El país fue dividido y sus gentes deportadas, esclavizadas, encarceladas y exterminadas por los nazis. Hubo algunos millares de filonazis, pero no menos de tres millones de polacos murieron en combate o, sobre todo, asesinados por los alemanes. El III Reich trató de exterminar la identidad polaca y se ensañó aniquilando sus recursos espirituales y culturales: sus universidades, periódicos, bibliotecas y archivos fueron cerrados, más de 30.000 políticos, intelectuales, profesores, funcionarios y periodistas, asesinados o encerrados en campos de concentración. Himmler ordenó que la instrucción debía limitarse a la escuela elemental: «El objetivo debe ser la enseñanza de aritmética sencilla (contar hasta 500), escribir su nombre y enseñar que es mandamiento de Dios obedecer a los alemanes, ser honrados, buenos trabajadores y educados. Creo innecesario enseñarles a leer».

Pero en esa ley que trata de alejar de Polonia la sombra del Holocausto no se asumen responsabilidades por su virulento antisemitismo. No hablaremos del antisemitismo anterior a la independencia, pero tras ella los nacionalistas (la mayoría) no consideraban polacos a los judíos y multiplicaron las leyes que les marginaban: establecieron para ellos el «númerus clausus» en las universidades (1922), prohibieron su acceso al 60% de las facultades y, totalmente, en 1937 (ley de «pupitres judíos»). Se les separó en tiendas y mercados, hubo pogromos con decenas de muertos (300, según el informe Mongenthau) en los años 20 y cerca de un centenar y más de 500 heridos en los de 1935/37. En los años anteriores a la guerra aumentó la persecución: se les quitó la nacionalidad polaca a los que vivían en el extranjero convirtiéndolos en apátridas (1936); se degradó a los sacerdotes judíos que ostentaban algún tipo de cargo (1938) y los partidos más conservadores llegaron a pedir en el Parlamento leyes antisemitas similares a las hitlerianas de Núremberg.

Hay casos en que conviene no abrir las páginas de la Historia.

Source: NGT Internacional

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