Pence advierte a Kim de que no ponga a prueba a Trump

«La era de la paciencia estratégica se ha terminado». Con estas palabras, el vicepresidente de EE UU, Mike Pence, advirtió ayer desde Seúl a Corea del Norte de que el país comunista no debería poner a prueba la determinación del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ya ha dejado bien claro qué política va a seguir en otros países como Siria o Afganistán. «Todas las opciones están sobre la mesa», declaró Pence desde una aldea situada en la conocida como Zona Desmilitarizada (DMZ), un área de unos dos kilómetros que separa las dos Coreas a lo largo del paralelo 38. «Derrotaremos cualquier tipo de ataque y haremos frente a cualquier provocación nuclear o de misiles con una respuesta apabullante», aseguró tras reunirse con el presidente en funciones surcoreano, Hwang Kyo Anh.

En la segunda jornada de su visita al país, el tono del discurso de Pence recordó al que el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, había realizado el mes pasado en su visita a la región. Si entonces de fondo se encuentran las tradicionales maniobras militares entre Corea del Sur y Estados Unidos, en esta ocasión el escenario es bien distinto. Corea del Norte acaba de celebrar el aniversario del nacimiento de Kim Il Sung, abuelo del actual líder Kim Jong Un, con un gran desfile militar en el que enseñó a la comunidad internacional lo que parecía ser un misil balístico intercontinental (ICBM) capaz de alcanzar territorio norteamericano. Una exhibición de fuerza con la que mostró su poderío bélico en medio de la creciente tensión por el envío de un portaaviones americano a la península. Precisamente, Pyongyang dio la bienvenida a Pence el domingo con el lanzamiento fallido de un misil que «estalló casi de inmediato».

«Queremos que Corea del Norte abandone su imprudente trayectoria de desarrollo de armas nucleares», aseveró Pence, quien explicó que Washington apuesta por encontrar una solución pacífica y diplomática a la amenaza norcorenana. En la misma línea, el mandatario estadounidense manifestó que el compromiso de Washington con su aliado es «férreo e inmutable».

Mientras, el pasado domingo el consejero de Seguridad Nacional de Trump, HR McMaster, confirmaba que el envío del buque de guerra a la península coreana fue un gesto pensado para que China presionara a su vecino y le urgiera a abandonar su carrera nuclear y armamentística, Pence admitía que «como el presidente ha dejado muy claro, o China trata este problema o Estados Unidos y nuestros aliados lo harán».

A la espera de que el gigante asiático dé un nuevo paso, diversos expertos en Corea del Norte coincidieron en que era de esperar que el régimen de Pyongyang continuara con su programa de misiles balísticos, posiblemente incluyendo una prueba en un ICBM, una medida que incrementaría dramáticamente la presión sobre Washington para que actúe.

Para Daniel Pinkston, experto en Corea del Norte en la Universidad Troy de Seúl, el lanzamiento del misil del domingo fue una «fuerte señal de desafío». «Corea del Norte tiene un plan de desarrollo a largo plazo y una estrategia para adquirir armas nucleares fiables», declaró Pinkston al diario británico de «The Guardian». «Adquirir tal capacidad requiere pruebas. No tengo ninguna razón para creer que Corea del Norte deje de probar los misiles hasta que tengan una gran confianza en la fiabilidad de las ojivas nucleares. Y tampoco tengo ninguna razón para creer que cesarán las pruebas de lanzamiento de misiles», añadió.

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