Puigdemont descarta elecciones el 1-O

55 días es el plazo necesario para convocar unas elecciones autonómicas en Cataluña. Lo que media entre la publicación del Decreto, firmado por el presidente Carles Puigdemont, y la celebración de los comicios. Si la contienda electoral se quisiera hacer coincidir con el referéndum del 1 de octubre, la fecha para realizar la convocatoria, los 55 días marcados por la ley, se cumplirían hoy martes.

«En estos momentos, seguro que no», afirman fuentes de la Generalitat conocedoras de la situación, aunque todas las consultadas recuerdan que «convocar elecciones sólo puede hacerlo el presidente». «Totalmente descartado», apuntan estrechos colaboradores de Puigdemont preguntados sobre esta posibilidad que se había abierto camino ante la compleja situación política en Cataluña. «Si se convocan elecciones, ya veríamos como Rajoy lo impedía», apuntaban los que defendían esta postura. «Los colegios estarían abiertos legalmente y sería imposible retirar las urnas para la consulta del 1-O en todos y cada uno de ellos. Habría libertad para votar», aseguraban.

Sin embargo, parece que Puigdemont no dará este paso. ¿Cuáles pueden ser sus razones?

1.- La primera razón habría que buscarla en dar respuesta a esta pregunta: ¿qué ganaría el PDeCAT? A la vista de todos los sondeos publicados, y los que no se guardan celosamente por los partidos políticos catalanes, las previsiones del PDeCAT son más que sombrías y las urnas darían el testigo a Oriol Junqueras y a Esquerra Republicana.

2.- Puigdemont no se ve con fuerzas para dar el paso porque ERC le ha negado el pan y la sal, al negar la repetición de la fórmula de Junts pel Sí.

3.- La mayoría absoluta del soberanismo puede dejar de serlo y dejar de mover las piezas a su antojo en el Parlament por el descalabro de la CUP, que perdería la mitad de sus escaños, que no podrían absorber ni ERC ni PDeCAT.

4.- La correlación de fuerzas cambiaría sustancialmente. No sólo ERC sería la primera fuerza, sino que los socialistas recuperarían peso tras la vuelta de Pedro Sánchez y la postura de Miquel Iceta frente al soberanismo, Ciudadanos mantendría sus fuerzas –según las encuestas puede bajar entre 2 y 4 escaños, pero las horquillas siguen señalando a Inés Arrimadas como líder de la oposición– y la emergente formación de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, irrumpiría con fuerza –no la que desearían sus promotores– y las mayorías podrían cambiar, no sólo en el eje nacional sino también en el eje izquierda-derecha.

5.- El PDeCAT puede perder su más preciada carta: el victimismo. La formación nacionalista no tiene candidato. A las divergencias internas hay que sumar que Puigdemont ha afirmado que no se volverá a presentar hasta que no cumpliera con el encargo del Parlament: el referéndum. Sin embargo, puede cambiar de opinión si convoca el referéndum, resiste al Estado y aparece como la alternativa en este proceso. «Siempre hay que pensar en el día 2», apuntan desde el PDeCAT que ven este escenario como el más propicio para una Convergència en horas bajas.

6.- En el mundo soberanista también hay detractores porque «ahora toca hacer un referéndum y no toca convocar unas autonómicas. Hemos de hacer el referéndum para luego convocar unas elecciones constituyentes». Esta postura intenta mantener sin fisuras a los independentistas porque unas elecciones romperían lo poco que queda de las costuras entre PDeCAT, ERC y la CUP. «Unas elecciones junto al referéndum no sería bueno para el referéndum porque surgirían las diferencias de la forma más descarnada».

7.- Se desatarían las hostilidades entre la CUP y Puigdemont, al que acusarían de «traidor» al procés, ante una mirada de perfil bajo de ERC, que trataría de aparecer como la fuerza centrada que necesita el soberanismo y Cataluña, un partido unido y fuerte frente a un PDeCAT carcomido por la disidencia y las luchas internas, y por la corrupción; y, sobre todo, alejado de la radicalidad de la CUP.

8.- Las organizaciones soberanistas como Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana no veían con buenos ojos este avance porque podría en cuestión el objetivo final del proceso: la consulta del 1-O, y les relegarían a un segundo plano.

9.- Podría ser interpretado como una derrota ante la presión del Estado, como una cesión. Ni Puigdemont, ni tampoco Junqueras, quieren que esta sensación se afiance, porque de hacerlo llevaría a la frustración de miles de independentistas que podrían darles la espalda y, por ende, hundir al soberanismo políticamente.

Puigdemont ha optado por no asumir estos riesgos e incertidumbres. Prefiere concentrarse en el mano a mano que se producirá con el Estado, y no abrir el frente electoral que tiene más inconvenientes que ventajas.

Source: NGT

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