Revolución francesa contra

Dicen que los franceses tienen una merecida fama de promiscuos en cuanto a sus afinidades políticas y que tan pronto dan sus simpatías como sacan la guillotina. Los sondeos dicen que la luna de miel con Macron hace semanas que terminó y las temperaturas del verano están bajando el mercurio de su popularidad a pasos agigantados, en contraste, eso sí, con la buena imagen que mantiene en el exterior. El último episodio que contribuye al prematuro divorcio lo constituyen las casi 300.000 firmas que lleva recogida una petición contra un eventual estatuto de primera dama para Brigitte Macron, cuyo papel en la esfera pública la presidencia quería clarificar y hacer más transparente en un país en el que las cónyuges presidenciales están muy acostumbradas a escándalos de todo tipo para goce y disfrute de las páginas del corazón.

Establecer un verdadero estatuto para la figura de la «first lady», especificando responsabilidades y poniendo luz y taquígrafos a sus consejeros, servicios de protección y demás gastos fue una promesa lanzada en la pasada campaña presidencial que ahora se convierte en dolor de cabeza para quien tan sólo lleva tres meses en El Elíseo. La petición «contra el estatuto de primera dama para Brigitte Macron» fue lanzada hace dos semanas en el portal change.org y quienes la apoyan argumentan que en un momento en el que el Gobierno busca el ahorro en múltiples partidas no se puede admitir un estatuto para la esposa presidencial. «Con ese estatuto, ejercerá su papel como mejor le parezca y se le reconocerá una existencia jurídica que le haga gozar de un presupuesto», remata la petición, que recuerda que el 65% de los franceses están en contra de la institucionalización de este cargo y que ha corrido como la pólvora en las redes sociales, convirtiéndose en la deliciosa polémica veraniega en Francia.

En respuesta, el entorno de la esposa del presidente ha hecho saber que el Elíseo precisará cuál será su función pública en los próximos días. Sobre el papel no está definido el marco de esta figura en Francia ni los medios de los que dispone aunque, en la práctica, hace tiempo que cuentan con despacho, colaboradores y de un servicio propio de protección que depende del presupuesto del propio Elíseo. Por ejemplo, antes de entrar en desgracia con el presidente Hollande, su ex Valérie Trierweiler disponía de un gabinete de 400.000 euros en 2013.

Para lograr poner fin a este limbo mediante un estatuto, Macron hubiera tenido que poner de acuerdo al Congreso y el Senado para modificar la Constitución. Algo que podría alargar una espiral a la que el presidente quiere poner fin por la vía rápida. La mayoría parlamentaria de En Marche hace hincapié en la clave de la transparencia para calmar la polémica. «La idea es que los franceses sepan cuánto cuesta ese puesto», decía este martes Aurore Bergé, portavoz del movimiento. Según cita el diario «Le Figaro», las intenciones de Brigitte Macron en el puesto estarían relacionadas con cuestiones de discapacidad y apoyo a la cura de enfermedades. El movimiento en contra del estatuto de la «première dame» no resta popularidad a la esposa del presidente que recibe unas 200 cartas de ciudadanos cada día. Institucionalizar su cargo es un gasto no justificado para muchos firmantes, pero dejarlo en el limbo puede alargar la hipocresía de cobrar un presupuesto público sin ningún marco definido.

Source: NGT Internacional

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