Torra prepara una encerrona al Rey en los actos del 17-A

Un hipócrita doble juego, entre una aparente frialdad institucional permisiva con la radicalidad en las calles. Esta es la estrategia del actual presidente de La Generalitat, Joaquim Torra, ante los actos conmemorativos del aniversario de los atentados del 17-A. Según fuentes del Govern, Torra tiene previsto entregar al Rey Felipe VI lo que en lenguaje soberanista denominan «un manifiesto por la libertad». Es decir, un escrito en el que se denuncian las prácticas opresoras del Estado español y, sobre todo, se reclaman las inmediatas excarcelaciones de los líderes independentistas ahora en prisión. La intención de Torra, por el momento, es acudir al acto principal de conmemoración en Barcelona el próximo viernes presidido por el Rey, pero con la entrega de este documento que en su núcleo duro califican como «necesario y exigente para el pueblo de Cataluña». Será algo similar a lo que hizo en la pasada inauguración de los Juegos Mediterráneos en Tarragona, dónde acudió al acto con el Rey y le hizo entrega de un documento reivindicativo separatista.

El uso que los independentistas quieren hacer de los atentados provoca una enorme controversia entre ellos mismos, ante el gran acto institucional convocado por el Ayuntamiento de Barcelona, en una impresentable cita de Ada Colau quien ni siquiera ha invitado oficialmente al Jefe del Estado. No obstante, allí estarán el Rey Felipe VI y su esposa Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Pablo Casado. El temor a que este acto se desarrolle con total normalidad, sin repetir los incidentes de la marcha celebrada el pasado año en la Ciudad Condal, con protestas y abucheos contra el Rey, ha sido objeto de preocupación entre Zarzuela y Moncloa. Según ha sabido este periódico, desde el Govern nacionalista se trasladó a Madrid su deseo de que era mucho mejor un acto más íntimo, como una audiencia del Rey con los familiares de las víctimas y poco más. «No podemos garantizar la libre expresión en las calles catalanas», llegó a decirle la número dos del Govern, Elsa Artadi, a la ministra de Política Territorial, Meritxel Batet, en su última reunión de la comisión bilateral de ambas administraciones.

Tras unos días de intenso trabajo diplomático, la Zarzuela y Moncloa decidieron que el Rey acuda a Barcelona. «Lo contrario sería una dejación de funciones», aseguran fuentes del Gobierno, que rechazan las acusaciones sobre una supuesta tibieza en la defensa de Felipe VI. «El Rey no necesita defensa, entrar en este debate es darles alas», afirman en La Moncloa, dónde opinan que el boicot soberanista contra el Monarca «se está desinflando». No opinan así en los partidos constitucionalistas, sobre todo en el PP y Ciudadanos, que ven una «hipocresía total» entre los independentistas, una actitud «rastrera» de la alcaldesa Ada Colau, y una doble vara de medir en La Generalitat. La propia portavoz del Govern, Elsa Artadi, defiende cualquier «reacción ciudadana» contra la Corona sin prohibir las manifestaciones de la CUP y los CDR en las calles barcelonesas. Estas movilizaciones incontroladas son el objeto de preocupación de las Fuerzas de Seguridad del Estado y la propia delegación del Gobierno en Cataluña, que dirige Teresa Cunillera.

La agenda de Quim Torra pasa por acudir al acto con el Rey y darle su documento reivindicativo, para estar presente por la tarde ante la cárcel de Lledoners dónde están presos Oriol Junqueras y Joaquin Forn. Una concentración convocada por la ANC y Òmnium Cultural, con la que mundo soberanista pretende contrarrestar el acto solemne con Don Felipe y las máximas autoridades del Estado. Aunque en los últimos días la ANC y Òmnium se han desmarcado de las virulentas acciones de protesta contra el Rey, nadie puede controlar las movilizaciones de la CUP y sus comités armados, los CDR. Así las cosas, y dada la última tibieza de un sector del PDeCAT y Esquerra Republicana, priorizando por encima de todo a las víctimas, el Gobierno confía en que el boicot a Felipe VI fracase y la jornada transcurra sin grandes incidentes. «Por la mañana fríos y por la tarde calientes», dice un dirigente soberanista ante lo que pueda pasar el 17-A y sus consecuencias posteriores , con la Diada del 11 de septiembre y el 1 de octubre.

Quien no se quedará parado es el fugitivo Carles Puigdemont. Según su entorno, el ex presidente prepara un mensaje por videoconferencia para emitir el mismo viernes día diecisiete, «desde esta casa de la república», ubicada en Waterloo. Lo lleva diseñando desde hace días, con el objetivo de calentar la Diada del once de septiembre hasta el uno de octubre. «Ni un paso atrás, por una república catalana y soberana», advierte en su desafiante mensaje. Puigdemont aconsejó a Torra que no acudiera al acto institucional con el Rey, pero éste finalmente decidió estar presente, si nada se tuerce de aquí al viernes. Contra la politización del acto están ya posicionados casi todos los partidos catalanes, a excepción de los radicales de la CUP. El aparente lenguaje tranquilo de la ANC y Òmnium no acaba de convencer a los constitucionalistas, que denuncian cómo estas dos organizaciones independentistas llevan días preparando autobuses y pancartas a repartir por comercios y hoteles de Barcelona.

Tras el último comunicado de José Luis Trapero y los Mossos pidiendo que no se utilice su figura en el 17-A, existe un cierto sentimiento de alivio en el Gobierno porque la jornada salga bien y la figura del Rey indemne. Pero nadie se atreve a vaticinar cómo se desarrollará finalmente y en los partidos constitucionalistas hacen un claro análisis: «El independentismo está muy fracturado y no van a desperdiciar este altavoz». Tampoco se fían de los mensajes de la ANC y Òmnium, porque piensan que la calle es siempre impredecible. De momento, están vigilantes ante un Joaquim Torra de doble juego, un Carles Puigdemont exaltado y a por todas, un Gobierno de Pedro Sánchez bastante ambiguo, y un Rey de España, aunque a algunos les pese, en su sitio.

Acto para recordar a las víctimas

Barcelona albergará este viernes un acto de recuerdo en el primer aniversario de los atentados del 17–A. Entre las autoridades asistentes, estarán el Rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El acto principal será en la céntrica plaza de Cataluña, donde la música y la poesía serán los protagonistas. Concretamente, se leerá un poema de diferentes religiones en siete idiomas. Según fuentes municipales, lo que se ha previsto es que se trate de «un acto sencillo y lleno de emotividad». Se prevé que tenga una duración de unos 30 minutos, y que incluya también la interpretación de «El cant dels ocells» de Pau Casals. No habrá discursos para evitar que pueda generarse más tensión, según los organizadores.

Source: NGT

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