Trump, contra los bebés inmigrantes

Donald Trump quiere impedir que los niños nacidos en EE UU de padres inmigrantes y/o de indocumentados tengan la nacionalidad estadounidense. Una aspiración que choca frontalmente con la Constitución del país, que en la sección primera, cláusula cuarta de su decimocuarta enmienda dice expresamente que «todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción son ciudadanos de Estados Unidos». Sin excepción. Sin subterfugios o atajos. Todas. O quizás no. O acaso los redactores de la enmienda tenían en mente solo a los nacidos de padres con los papeles en regla, bien ciudadanos bien inmigrantes con los visados en perfecto estado de revista. Algunos juristas también lo creen, pero son una minoría.

Se avecina una batalla legal que Trump, entrevistado por la cadena HBO, aspira a ganar. «Siempre me dijeron que necesitabas [cambiar, reformar] la enmienda constitucional», comenta el presidente delante de las cámaras de Axios, el programa en varios capítulos elaborado por el reputado canal de cable, y «sabe qué, no lo necesitas (…) Puedes hacerlo con una orden del Congreso. Y algunos me dicen ahora que incluso puedo hacerlo con una orden ejecutiva». A continuación Trump explicó que «EE UU es el único país del mundo donde una persona viene, tiene un bebé y el bebé es esencialmente un ciudadano de Estados Unidos… con todos esos beneficios. Es ridículo. Es ridículo. Y tiene que terminar».

Omar Jadwat, director del Proyecto de Derechos de los Inmigrantes de la Unión de Libertades Civiles de América en Nueva York, ha respondido que «la Constitución es muy clara. Si naciste en Estados Unidos, eres un ciudadano». Considera «indignante que el presidente pueda pensar que puede anular las garantías constitucionales emitiendo una orden ejecutiva», recordó que nadie puede saltarse la Constitución y explicó que resulta altamente improbable la hipótesis de que el Congreso pueda aprobar una enmienda constitucional. Aun así, «incluso si lo hiciera», añadió, «sería objeto de demandas judiciales». Tal y como recordaba la profesora Katherine Culliton-González en 2012, 30 de las 35 naciones soberanas del continente americano conceden de forma automática la ciudadanía de sus países a los hijos de los inmigrantes indocumentados nacidos en el país de acogida. 30. Sólo en América.

Sin olvidar que avanza por suelo mexicano la caravana de inmigrantes. Unas imágenes de una potencia visual devastadora. Con mujeres, hombres y niños en una situación de una precariedad espantosa. Vienen desde Honduras. Aspiran a entrar en EE UU. De momento, y más allá de los cientos de horas que les han dedicado las televisiones, el Gobierno de Trump ya ha ordenado el despliegue del Ejército en la frontera: 5.200 soldados para prevenir la «invasión». El nombre de la operación, «Patriota Fiel», tiene mucho que ver con la retórica desplegada por el presidente, que ha encomendado el mando al general Terrence O’Shaugh-Nessy. Los 5.200 militares se sumarán a los más de 2.000 enviados a mediados de año. Conviene recordar que Estados Unidos tiene ahora mismo unos 2.000 militares en Siria. Nadie podrá acusar a Trump de descuidar o negar su discurso, ferozmente aislacionista. El América primero. Santo y seña de la campaña de 2016.

Dice el presidente que una de las misiones principales de los soldados consistirá en construir y mantener una suerte de ciudades fronterizas, a base de tiendas de campaña y alambradas, en tanto en cuanto lleguen las resoluciones judiciales. Ayer mismo, comentó que «si solicitan asilo [los inmigrantes], los retendremos hasta que tengan lugar los juicios. Vamos a mantenerlos y a construir ciudades de tiendas de campaña por todo la zona».

Sus palabras no pueden extirparse del inmediato horizonte electoral. El día 6 de noviembre EE UU está convocado para renovar el Poder Legislativo y no pocos gobernadores estatales. El cambio puede ser sistémico y acabar con los dos años de poder casi unánime de la actual Casa Blanca. Hay que explicar que la 14º Enmienda, poco después de la Guerra Civil, fue un torpedo a la línea de flotación de la jurisprudencia previa del Supremo. Básicamente para evitar que los hijos de esclavos no fueran considerados ciudadanos. Para acabar, en suma, con la monstruosidad fundacional que todavía hoy atormenta la historia del país.

Source: NGT Internacional

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