Trump vs. Obama

Un √©xito. Solo as√≠ puede calificarse el ah√≠nco con el Donald Trump intent√≥ que las elecciones legislativas de hoy fueran un plebiscito en torno a su trabajo. Otra cosa es que la personalizaci√≥n beneficie a quien cosecha los peores n√ļmeros de aprobaci√≥n de un presidente, apenas un 39%, desde que existen este tipo de encuestas. Para ejemplo la que publicaba ayer CNN, en la que siete de cada diez votantes contestaba afirmativamente a la pregunta de si su voto ser√≠a una enmienda, favorable (28%) o en contra (42%) de la actual Casa Blanca. Por lo dem√°s los republicanos apenas si acumulan un 42% de intenci√≥n de voto. Unas cifras magras, incluso peores que anteriores sondeos. Si bien no todas las encuestas son tan favorables a los intereses dem√≥cratas, la pr√°ctica totalidad auguran que tienen al alcance de la mano recuperar siquiera el Congreso. Las ventajas gen√©ricas van de los trece puntos de CNN a los cinco de ¬ęThe Economist¬Ľ, pasando por los siete de NBC, los nueve de PBS o los ocho de ABC y ¬ęUS Today¬Ľ.

Atenci√≥n, por ejemplo, a lo que suceda en distritos claves, como el Sexto de Indiana Respecto a las carreras por los gobernadores, la media de todos los sondeos otorgaba 26 a los republicanos y 24 a los dem√≥cratas, con el foco puesto en carreras tan apasionantes como la que se dirimir√° en Estados como Florida y Georgia. Por supuesto, cabe la posibilidad de que parte del electorado republicano prefiera contestar con evasivas o incluso enga√Īar a los encuestadores. No resulta ajeno a la l√≥gica pol√≠tica que en tiempos tan polarizados los partidarios de un l√≠der absolutamente visceral, y Trump lo es, oculten sus intenciones. Desde luego ha sucedido otras veces. Por ejemplo en 2016. Con unos porcentajes suficientes como para decantar las elecciones y provocar, de paso, el mayor varapalo a la credibilidad de los estudios demosc√≥picos. Nunca como entonces las previsiones fueron a estrellarse contra la voluntad de un electorado poco partidario de telegrafiar sus intenciones.

Como entonces, no faltan todos los componentes ret√≥ricos imprescindibles para un debate al rojo vivo. Unos y otros pelearon el voto hasta el √ļltimo momento de ayer. Acusaciones de fraude, suspicacias ante la posibilidad de que los servicios secretos de potencias rivales traten de enturbiar los resultados, etc. El presidente Trump, que en los √ļltimos d√≠as multiplic√≥ su presencia all√≠ donde un candidato lo requiriese, compaginaba los m√≠tines con twitter. Para muestra, el aldabonazo que le lanzaba ayer mismo a la candidata al Senado por el Partido Dem√≥crata Debbie Stabenow, que ¬ęvot√≥ contra los recortes de impuestos, una gran sanidad, los jueces del Tribunal Supremo y todas las otras cosas que la gente de Michigan quiere y necesita¬Ľ. O este otro tuit contra el posible gobernador de Florida, Andrew Gillum, pues si su trabajo se aproxima ¬ęa lo que hico como alcalde de Tallahassee el estado ser√° un desastre¬Ľ agujereado por el ¬ęcrimen¬Ľ y los ¬ęimpuestos¬Ľ. El tipo de mensajes, en fin, que tanto disgustan a sus cr√≠ticos, y que dicho sea de paso funcionaron como aut√©nticos bombazos contra la altiva y convencional Hillary.

Por su parte, los dem√≥cratas se lo juegan todo hoy. Han sido dos a√Īos sin liderato y sin apenas influencia, y podr√≠an volver a tomar decisiones trascendentales para la agenda pol√≠tica del pa√≠s y, sobre todo, pararle los pies a Trump. Un presidente que, impulsivo y sin pudor, les ha trastocado los planes desde las presidenciales. Desde entonces, han intentado recomponerse en la sombra, ideando nuevas f√≥rmulas para volver a la primera l√≠nea pol√≠tica, siendo fieles a su estilo de fondo y, sobre todo, manteniendo las formas. Tanto as√≠ que a la propia Hillary no se le ha vuelto a ver. Han preferido dejarla a un margen en esta campa√Īa, aunque s√≠ han contado con el ex presidente Barack Obama para rescatar su mensaje y ofrecer una imagen de liderazgo y consenso. M√°s all√° de un refer√©ndum al buen o mal hacer del actual Gobierno, los dem√≥cratas buscan recuperar su identidad.

Su campa√Īa ha estado encabezada por las minor√≠as, ganando mucha fuerza las mujeres, los j√≥venes y los latinos. Ellas ya han hecho historia, batiendo r√©cords de representaci√≥n en el Congreso con m√°s candidaturas que nunca y tambi√©n con otras arriesgadas novedades como la diversidad. Sus m√≠tines se han basado en el discurso del buen hacer, recordando logros pasados y aludiendo a los ataques de Trump hacia colectivos minoritarios que ellos representan. Con mensajes directos como ¬ęDerrota a la C√°mara de Trump, √önete a nuestra campa√Īa¬Ľ, para conseguir adeptos, fondos y, sobre todo, votos.

Los de los j√≥venes ser√°n decisivos. Ya han batido sus propios r√©cords, con cerca de 700 candidatos de entre 22 y 37 a√Īos. La gran mayor√≠a de ellos tambi√©n por el Partido Dem√≥crata. Sin olvidar las cifras hist√≥ricas del voto anticipado, que muestran que los votantes de 18 a 29 a√Īos triplican o incluso cuadruplican las cifras registradas en 2014. Una parte de este gran aumento en las tasas de registro del voto joven a nivel nacional est√° condicionada por sucesos que conmocionaron al pa√≠s, como el tiroteo en la escuela de Parkland, en Florida, donde murieron 17 estudiantes. Suceso que dio inicio a movimientos como ¬ęMarcha por Nuestras Vidas¬Ľ y convocatorias masivas contra el uso de armas.

Los republicanos tienen un l√≠der y un mensaje muy claro. Los dem√≥cratas no tienen, por ahora, ni una cosa ni la otra. Su estrategia para estas ¬ęMidterms¬Ľ se ha basado en presentarse sin complejos a unos comicios donde la frescura y el riesgo de probar nuevas f√≥rmulas han estado por encima de la experiencia. Los resultados de estos comicios ser√°n la prueba de fuego para un partido que qued√≥ totalmente dividido tras las primarias de Clinton con Sanders, y profundamente destruido con el triunfo de Trump sobre su candidata mejor preparada de la historia. Nombres como Joe Biden, Elizabeth Warren, Kamala Harris o un inesperado Michael Bloomberg, con un perfil m√°s parecido a Trump, ya resuenan entre sus filas como posibles candidatos a las presidenciales. Si consiguen arrebatar la mayor√≠a a los republicanos, saldr√°n reforzados para presionar al Gobierno y para poder elegir con mayores garant√≠as a su l√≠der para la cita de 2020.

Source: NGT Internacional

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