Un incendio destapa la tensión migratoria en Francia

El campo de inmigrantes de Grande-Synthe (en el norte de Francia) quedó prácticamente destruido la pasada noche por un incendio que se produjo tras una pelea en el interior del terreno entre grupos de inmigrantes de origen kurdo y afgano. De las 281 cabañas de madera construidas hace un año, sólo quedan 60 en pie, el resto está destruido o inutilizable, así como algunas zonas comunes como los servicios y el comedor. Todo ha quedado reducido a «un montón de cenizas», aseguró el prefecto de la región Hauts-de-France, Michel Lalande, que considera «imposible» que el campo pueda ser reconstruido de nuevo.

El balance de víctimas fue «increíblemente» bajo, según palabras del prefecto. Una veintena de personas fueron asistidas con heridas leves, y sólo una resultó gravemente herida, «pero a causa de un navajazo» recibido durante la pelea que tuvo lugar previamente entre los dos grupos, procedentes de Irak y Siria. En cuanto al origen del incendio, sólo pudo ser posible por «focos de ignición intencionados en muchos sitios diferentes», comentaron desde el ayuntamiento.

El campamento fue creado el año pasado por el alcalde ecologista de Grande-Synthe, Damien Carême, con la ayuda de Médicos sin Fronteras para poner fin al campo salvaje de Basroch, donde 3.000 refugiados vivían a diez kilómetros de Dunkerque en condiciones infrahumanas, en una zona pantanosa, rodeados de ratas y basura, y expuestos a las inclemencias del tiempo. El prefecto de la región se negó en un principio a apoyar la apertura del nuevo campo de refugiados, pero finalmente el Estado aceptó financiar su funcionamiento. El coste de la construcción fue asumido por Médicos sin Fronteras, (2,6 millones de euros de fondos propios) y la ciudad (medio millón). De esta forma, unas 1.500 personas comenzaron a vivir en Grande-Synthe en unas condiciones algo más decentes, acogidos en refugios de madera con agua, electricidad y calefacción, a la espera de que les llegue la oportunidad de acceder a Inglaterra.

Entre tanto, el pasado mes de octubre terminó el desmantelamiento total de la llamada «Jungla» de Calais, donde vivían 6.000 inmigrantes. Muchos de ellos fueron llevados a centros de acogida y orientación repartidos por toda Francia, ya que el Gobierno ordenó el cierre de todas las estructuras de acogida de Calais.

Sólo dos meses después, las asociaciones de ayuda a los inmigrantes comenzaron a alertar del regreso de muchos de ellos que, a falta de lugar mejor, dormían bajo puentes o arbustos, mientras que otros optaron por desplazarse hasta Grande-Synthe, a menos de 40 kilómetros. La afluencia de nuevos inmigrantes fue el inicio del deterioro de las instalaciones precarias del campo y del inicio de fricciones entre sus habitantes, los afganos procedentes de la «Jungla» no estaban contentos porque habían sido instalados en las zonas comunes, mientras que los kurdos dormían en las casetas.

La situación se había hecho explosiva. «Sabíamos desde hacía tiempo que existía el peligro de un enfrentamiento entre kurdos y afganos que se disputaban el control del campo», comentó ayer Pierre Henry, de France Terre d’Asile en Franceinfo, refiriéndose a la pelea que originó el incendio en el campamento. Las personas que tuvieron que ser evacuadas urgentemente durante la noche fueron alojadas en tres gimnasios, aunque el prefecto aseguró que en los próximos días «se hará todo lo necesario» para mejorar la situación de estos inmigrantes y ofrecerles «una acogida digna».

Pero las autoridades no quieren reconstruir el campo. Los ministros de Interior y de la Vivienda, Matthias Fekl y Emmanuelle Cosse, tenían previsto visitar lo que quedaba del campamento ayer por la tarde, pero antes aseguraron en un comunicado que habían «movilizado a los prefectos para abrir rápidamente plazas suplementarias en los centros de acogida y orientación» y así dispersar a los inmigrantes.

En la tarde de ayer las Fuerzas de Seguridad galas todavía trataban de localizar a los últimos inmigrantes huidos tras el incidente. Mientras, Bélgica reforzó los controles fronterizos en la ciudad de La Panne para evitar la entrada de alguno de ellos en el país. Se intensificaron las inspecciones de autobuses y camiones procedentes de Francia, y no se descarta el envío de helicópteros a la zona.

Source: NGT Internacional

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