Un presidente a contracorriente de Latinoamérica

Andrés Manuel López Obrador, el presidente electo de México, llegará a la Casa de Los Pinos el 1 de diciembre en el momento justo de su carrera y en un entorno en el que la izquierda latinoamericana parece estar en retroceso. Perdió el poder en Brasil, Argentina, Chile y recientemente salió derrotada en Colombia, pero acaba de ganar en México, donde por primera vez una fuerza progresista gobernará el país desde la llegada de la democracia electoral en el año 2000.

AMLO aterrizará en la presidencia en un país roto y polarizado, ahogado en la corrupción y la violencia y con grandes diferencias sociales que frenan el desarrollo de clase medias y mantienen los índices de pobreza por encima del 50%. Obrador ha decidido echarse a las espaldas todos esos retos, pero lo hace, al menos de palabra, con la lección aprendida. No quiere ser Hugo Chávez, ni Daniel Ortega. Ya no es el radical que perdió las elecciones en 2006. Su discurso en la noche de las elecciones lo dejó claro: “Quiero pasar a la historia como un buen presidente de México”. No quiere buscarse enemigos externos, y no va a nacionalizar empresas ni va a romper las reglas del juego. “AMLO buscará distancia respecto al resto del mundo y, en ese sentido, es similar al nacionalismo que motivó al electorado estadounidense con Trump y el Brexit. Mi impresión es que promoverá una política exterior más cultural”, asegura Luis Rubio, presidente del Consejo Internacional de México.

Hay quien le ve más cerca Lula da Silva, un mandatario que fomentará el mercado y las grandes empresas pero que al mismo tiempo lanzará programas sociales que mejoren la vida de la gente. John Ackerman, ideólogo de Obrador, prefiere compararle con Bernie Sanders (EE UU) y Jeremy Corbyn, el líder de la izquierda británica.

Su victoria ha sido saludada en toda América, pero especialmente calurosa ha sido la reacción de los dirigentes de izquierdas. Desde el norte, Donald Trump mostró su disposición a trabajar con él. “Hay mucho por hacer que beneficiará tanto a Estados Unidos como a México”, dijo el presidente estadounidense. Nicolás Maduro, Evo Morales y Juan Manuel Santos también le dieron la enhorabuena al mexicano. “Con él triunfa la verdad por encima de la mentira y se renueva la esperanza de la patria grande”, afirmó el mandatario venezolano.

Obrador, muy lejos del espíritu antiimperialista que esgrimía en el pasado, tendió la mano al inquilino de la Casa Blanca. “No vamos a pelearnos, vamos a buscar siempre que haya un acuerdo y en su momento vamos a establecer una cooperación para llegar a un entendimiento”, afirmó el presidente electo, consciente de las amenazas de Trump ante la política migratoria mexicana y las dudas de EE UU a renovar el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá.

AMLO puede convertirse en el recordatorio para la izquierda latinoamericana de que todavía tiene posibilidades de llegar al poder. Pero para eso, dicen los observadores consultados, tiene que ofrecer tranquilidad a los mercados. Todo dependerá, añaden, del tipo de gobierno que lleve a cabo y si finalmente dispone de una mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso, lo que le permitiría revertir algunas de las reformas del anterior Gobierno y gobernar sin contrapesos, algo que asusta sobremanesa a los antiobradoristas, que es la mitad de la población.

También tendrá que coser las dos mitades en las que ha quedado fragmentado el país después de estas elecciones. La fuerza de Obrador se concentra en el sur, más pobre y rural. De hecho, el partido del presidente electo (que ganó el domingo cinco gobernaturas) no manda en ningún estado del norte, controlado por el conservador PAN y en menos medida el PRI. De los dos estados del norte que estaban en disputa este domingo, en los dos ha perdido el líder izquierdista. Lo que representa Obrador lo explica Luis Rubio de esta manera: “La elección de AMLO tiene más que ver con una disputa histórica en México sobre si mirar hacia atrás y hacia adentro o hacia afuera y hacia adelante que nació en los 60 que con el eje derecha-izquierda”.

Source: NGT Internacional

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